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Vídeo homenaje a la Kombi

Fue mi primera furgoneta. Desde pequeño había querido tener una. Recuerdo perfectamente el día que la vi por primera vez, en la Plaza Lesseps de Barcelona. Iba con mi padre y quedé tan maravillado ante esta furgo que nunca más me la pude quitar de la cabeza.

20 años después, con mi primer sueldo (que gané trabajando en Onda Rambla) me fui directo a una sucursal de Caixa Catalunya y pedí un crédito para pagar plazos una T2 que había visto en Campercar, un conocido taller de VW clásicos de la ciudad. Era el año 1999. Me lo concedieron y me fui volando al taller para dar la paga y señal. Por fuera estaba pintada de lila, le faltaban los tapacubos, las llantas estaban oxidadas y el motor fuera de punto. La hice pintar de arriba a abajo en su color original y un repaso a fondo la puso de nuevo a rodar. Fueron muchos los kilómetros recorridos y las anécdotas vividas al volante de la T2, que al final vendí para comprar la T3 Syncro.

Es por eso que hoy, cuando me ha llegado la nota de prensa de VW diciendo que estaba disponible un vídeo de homenaje a la Kombi por el cese de su fabricación tras 56 años en producción, ni me lo he pensado. Siempre tendré un recuerdo imborrable de ella. Espero que lo disfrutéis. Aquí os lo dejo:

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Próximo destino: Francia. Nos ayudas?

Uno de los regalos que recibí el día de mi 40 cumpleaños fue una guía de parte de Claudia. Era una guía de Francia. No es ni una Lonely Planet al uso (aunque sí es de esa editorial), ni la Guide du Routard ni nada por el estilo. Es una guía para conocer el país al volante de un vehículo. Comprende una serie de rutas separadas por días. Lógicamente, cuanto más kilómetros, más días. Nosotros la haremos en furgo, como también es lógico…

La verdad es que las guías más importantes se centran en el viajero que se mueve a pie o en transporte público. No hay nada que te hable de moverte con tu propio vehículo. Eso quiere decir que no hay recomendaciones como lugares en los que dormir, (ya sea camping o libre o area de descanso), ni avisos como que no hay otra gasolinera en 600 km (eso nos pasó en Malí), ni lugares donde reparar el vehículo, ni cosas por el estilo. Es una lástima que no tengan en cuenta esta manera de viajar… Veremos qué tal nos va con ésta.

En fin, que nos iremos hacia Francia a pasar unos días. Aún tenemos que hacer la ruta definitiva porque no tenemos mucho tiempo y queremos visitar muchas cosas. Como siempre, vaya… Me gustaría volver a uno de los lugares más típicos del sur del país: Carcassonne. Su fortaleza medieval bien vale una parada pese a que se haya convertido en una atracción turística de primer orden. Quizás recupere una ruta que ya hicimos unos cuantos amigos con nuestras furgos hace unos años: la ruta de los Cataros. Pero a mi lo que me apetece realmente es volver a la Val de Loire, con unos paisajes extraordinarios y una naturaleza que se puede vivir cada segundo que pasas a su lado. Fui hace unos cuantos años con unos compañeros del AVWC cuando tenía la T2 (aquí encontraréis algunas fotos). Ya veremos… La suerte que tenemos es que lo podemos hacer entre semana. Nos olvidaremos de turistas molestos, de aglomeraciones, de precios desorbitados…

Se aceptan recomendaciones de todo tipo: restaurantes, campings, lugares para visitar, bares, ciudades, pueblos, granjas, castillos, montañas, parques… En definitiva, sitios que valgan la pena… No se trata de un concurso. Simplemente deja tu comentario al final del post y a las mejores les enviaremos un detalle de 10fronterasfotofurgo en forma de adhesivo.

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Atrapa tu sueño, como los Zapp

“Debemos escribir otro post”, pensaba desde hacía días. Pero no nos gusta escribir por escribir. Siempre tiene que haber algo que enganche al lector (o al bloguero…). No es necesario que refleje cosas de la aventura así, sin más. Nosotros seguimos teniendo mucho que explicar. Fueron varios meses fuera de casa, viviendo en la furgo y en contacto permanente con la gente de ahí donde pasábamos.
Una de las cosas que van cambiando a medida que avanza una aventura es la sensación de inseguridad. A menudo, cuando preparas un viaje de estas características sentado delante del ordenador, leyendo periódicos, viendo las noticias en televisión, escuchando a amistades alarmistas te vuelves paranoico. Empiezas el viaje pensando que quizás te robarán, que serás atacado, detenido, que quizás te secuestren. Vamos, que desaparecerás de la faz de la tierra. Evidentemente, no hay manera de saber qué ocurrirá, pero a medida que pasan los días te vas relajando llegando incluso a ponerte en peligro. De eso sólo te das cuenta cuando estás de vuelta. Y ni así.
Nosotros no nos vimos en problemas en ningún momento. Ni en Mauritania, ni en Malí, ni en Costa de Marfil. Evidentemente hay ocasiones en las que no ves las cosas claras. Hubo un momento de pánico cuando vimos que no podíamos acceder a Guinea Conakry y teníamos que ir a Malí. Yo lo sufrí. Los nervios te bloquean y no consigues ver nada de manera positiva. Pero Claudia estaba allí para calmar los ánimos y ver las cosas de otra manera. Debíamos seguir para llegar a Ghana. Y esa era la única ruta posible. Los que habéis seguido el blog ya sabéis que fue una de las mejores decisiones de nuestra vida. La gente de Malí es impresionante.
A veces lloro. Lo hago sólo. Me sobreviene una tristeza tremenda recordando lo que vivimos. Es como la morriña galega. Supongo, porque yo soy catalán. Pero lo que está claro es que esos recuerdos te hacen soñar. Incluso a veces desconectar. Te impiden prestar atención a lo que estás haciendo. Como ahora, que estoy en la montaña pero me acabo de trasladar a Burkina Faso. Porque ya sabéis que no queríamos volver.
Unos años antes de partir empecé la lectura de “Atrapa tu sueño”, muy recomendable para los que piensan en cambiar el rumbo de sus vidas algún día. De qué trata? De una pareja que un buen día lo dejaron todo para ponerse en ruta al volante de un antiguo coche de los años 20 (un Graham-Paige de 1928) y cruzar el continente americano desde Argentina hasta Alaska. Fue el primero de una serie de viajes impresionantes que aún hoy siguen llevando a cabo con ese mismo vehículo. Lo puedes adquirir haciendo click aquí. Nosotros hemos empezado a perseguir nuestro sueño, como el título del libro de Candelaria y Herman, “los Zapp”. Y lo atraparemos seguro. En ese libro, una referencia para todo aquel que decide cambiar su vida para vivirla y disfrutarla (y si obviamos la profunda religiosidad de la pareja), hay una cita que dice:
“Lo que ustedes están haciendo es el sueño irrealizado de muchos de nosotros, que vemos pasar los años y las oportunidades por motivos que no tienen razón de ser. Un sueño realizado es la mayor fortuna que un hombre puede llegar a tener. Pase lo que pase, seguirá con él, nadie podrá quitárselo. Ni la muerte. Porque lo llevará guardado en el alma”

Poco más se puede decir. Considero que es una verdad irrebatible. No hay nada mejor que un recuerdo. Pero la vida sigue. Y volver a viajar es difícil. Y sobre todo, costoso. Tenemos decidido cuál será nuestro próximo destino: Asia. Pero hasta que ese momento llegue y podamos acumular otro recuerdo que ni la muerte pueda arrebatarnos, debemos seguir luchando para poder seguir persiguiendo nuestro sueño… hasta atraparlo.

De momento hemos cambiado la calidez de la gente africana, los kilómetros y kilómetros de desierto, las noches en vela por el calor, los mosquitos y las comidas picantes por horas y horas en el estudio de fotografía de Claudia y por un trabajo a tiempo parcial en una estación de ski que no me deja ni un fin de semana ni un festivo libre hasta después de semana santa. Tenemos que ahorrar mientras pensamos en proyectos, como pasar un par de meses en Sardegna para hacer un reportaje que hace tiempo que a Claudia le ronda por la cabeza, o mientras intentamos mover el documental que realizamos en Ghana con las supervivientes del cáncer de mama de los hospitales Peace & Love.

Para los que no lo sepan, ese reportaje debía haber aparecido en la revista Yodona coincidiendo con el día mundial del cáncer de mama que se celebra en octubre, pero a una semana de publicarse y con todo hablado y pactado se tiraron atrás no sabemos aún muy bien porqué. Ellos se basaron en que las fotografías eran duras. El cáncer es una enfermedad dura. Claudia hizo un trabajo excelente para lograr reflejar lo que esas mujeres llegan a sufrir en un continente en el que esta enfermedad sigue siendo tabú. En fin, que nos dejaron tirados y sin cobrar. Y lo que duele más: sin saber nada más de ellos pese a los mails que les enviamos. En fin…

Seguimos adelante. No hay nada que nos pueda parar. Como dice la canción Mar, el poder del mar de Delafé, “esto no se para!”. Nos costará más que en la primera ocasión, pero lo conseguiremos. Estoy seguro de ello.

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¿Cuántas farolas tiene tu pueblo?

Muchas ciudades europeas miden su competitividad con sus vecinas en aspectos como los servicios que tiene, los supermercados, los centros comerciales, las universidades, el equipo de fútbol o incluso las marcas de los coches matriculados. Pero deben estar equivocándose en algo. Que tu ciudad sea más importante que cualquier otra lo da el número de farolas que tiene a la entrada y a la salida de la calle principal. Hemos visto ciudades con kilómetros y kilómetros de farolas dándote la bienvenida, con grandes avenidas llenas de polvo y farolas por todas partes. Una seguida de otra. Y da igual la forma. Se pueden combinar farolas antiguas con algunos diseños que se denominarían “arriesgados” incluso para ciudades de diseño como Barcelona. Y entre medio de esas altas farolas, otras más modestas, las típicas que puedes ver en cualquier pueblo del pirineo.

Ejemplos los hay en todas las zonas por las que hemos pasado: El Alayún, Tarfaya, Guelmin o Tiznit en Marruecos; Nouackchott en Mauritania; Kayes o Sikasso en Malí; Bobo en Burkina; Yamoussoukro en Cote d’Ivore; Volgatanga en Ghana; o Thiés en Senegal. Parece ser que cuantas más farolas mejor. Con un denominador común. Ninguna funciona por la noche…

Y deberían, pues en cuanto anochece no se ve absolutamente nada. Y muchas veces tienes miedo de atropellar a alguien, a algún niño. Sobre todo en Senegal. Hay niños por la calle. Muchos niños y de toda clase. Los hay que van camino a la escuela. Hay algunos que pasan el rato mirando la gente pasar. También hay niños que juegan al futbolín. Y hay otros que viven en la calle. Senegal es el país de los niños. Hay tantos que parece una guardería. Pero los que llaman la atención son los niños de la calle. Los encuentras con sus latas vacías pidiendo que les eches no dinero, sino comida. La historia de estos pequeños es casi siempre la misma: una familia de la zona rural le confía a un familiar que vive en la ciudad el cuidado de uno de sus hijos. Pero ese familiar no quiere hacerse cargo del niño y lo abandona a su suerte. Muchos no saben dónde nacieron, ni cual es el poblado en el que viven sus padres. Existen algunas ONG’s en países como Ghana que intentan darles una profesión para el futuro, pero son sólo unos pocos afortunados los que acceden a esas ayudas.

Senegal, tan grande y tan verde. Llueve. Es el primer país donde la época de lluvias se deja notar. O el último, según se mire. Pero aquí, dejando a un lado Tambacunda y Kaolak llegas a Dakar y ves que algo no anda bien. En la capital se mezclan coches de lujo con humeantes vehículos de más de 40 años; mansiones de tamaño imponente con chabolas a sus lados; tiendas de lujo con vendedores ambulantes de huevos duros. Aquí, a Dakar, fueron a parar todas las sedes de las grandes empresas y organizaciones mundiales que huyeron de la guerra de Cote d’Ivore. El sueldo medio de un senegales es de 100.000 cefars, poco más de 150 euros. Pero el señor de World Food Programme (o Programa Mundial de Alimentos) que no hace nada más en todo el día que asistir a cursos de formación (en Senegal los cursos de formación son remunerados) dispone de un coche de 60.000 euros, dietas pagadas, casa pagada y sueldazo. Y no debemos olvidar que WFP forma parte de las Naciones Unidas y lucha contra el hambre… No nos parece la mejor manera de luchar contra nada el vivir como un rico cuando a tu alrededor hay gente que se tiene que espabilar con un euro al día.

Pero en este país hay cosas fantásticas, como nuestro querido Zebrabar. Hemos vuelto a estar allí. No podía ser de otra manera. La paz y la tranquilidad y el ambiente y la naturaleza. Todo junto en este estratégico campamento. Allí seguía la laguna, las mesas al borde del agua, las cabañas, las palmeras, los cocos, los empleados que son como de la familia… Queríamos llegar como fuese, aunque tuviéramos que dormir en una gasolinera a medio camino. Esta vez accedimos a través de una pista por el sur. 13 ó 14 kilómetros que las lluvias habían dejado llenos de trampas. Pero llegamos. Queríamos quedarnos dos noches, pero una gastroenteritis nos obligó a quedarnos cinco días. No estuvo mal, sobre todo pensando que la siguiente etapa nos llevaba a Mauritania y a Rosso… No pudimos acceder a Diama porque las lluvias habían inundado la pista de acceso. Volvíamos al infierno.

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Volver a empezar

En España deben estar todos con el tema de la vuelta al cole, al trabajo, a la rutina. Nosotros también. Pero de otra manera. En un viaje como este llega un momento en que debes tomar la decisión de volver. Quizás vuelves por unos meses, unos días o unos años. Eso ya se verá. Pero es como volver a empezar. Todo tiene un principio y un final. Y este es el principio de nuestro final. El final de la aventura ya se acerca. Nos faltan unas cuantas semanas. A algunos les parecerá una eternidad, pero para nosotros los días pasan rápidos. Sin darnos cuenta alcanzaremos Tanger para embarcar camino de Barcelona.

Ghana ya queda lejos, pero el recuerdo que nos llevamos es tan bueno que siempre estará presente. Nos ha marcado. Los que seguís el blog ya sabéis porqué. Pero es que, además, la despedida no podía ser mejor. En nuestro canal de youtube colgamos hace unos días un par de vídeos de Cap Three Points. Fue una recomendación de Xavier y Queralt, una pareja catalana que vive con sus dos hijos desde hace un año en Accra, la capital de Ghana. Nos recibieron con los brazos abiertos y hablando de cosas bonitas para ver Xavier nos dijo que esa zona era para no perdérsela. Y así era. Tiene algo especial. Es salvaje, inaccesible, calurosa. Es el lugar donde hemos decidido que, si cambiamos de vida, deberán buscarnos.

Costa de Marfil (así se conocía en nuestro país) hace poco que dejó la guerra atrás. El simple hecho de oír su nombre me traía malos recuerdos. Oficialmente en 2002 entró en guerra. Una guerra que hacía años que estaba presenté, pero no declarada abiertamente. Y una guerra africana, entre africanos, sin intervención de las llamadas “fuerzas de paz” hasta que se pierde el control, se convierte en la mayoría de casos en una sangría sin límite. Las atrocidades vividas por los marfileños hace que después de 4 años oficialmente desarmada queden en el aire sentimientos de venganza, miedos, rencores. Y se percibe. Sobre todo en el centro y en el norte.

La entrada a Cote d’Ivore desde Ghana no fue fácil. Ninguna frontera lo es. Pero lo nuestro roza la mala suerte. Nos caducaba el visado el día 5 de septiembre. Fuimos a renovarlo unos días antes, pues queríamos visitar alguna zona del país que no habíamos visto. Al llegar a la oficina de inmigración de Accra rellenamos unos papeles y los entregamos en la ventanilla. Al momento nos dicen: “no hace falta renovarlo si vais a salir del país dentro de los cinco días siguientes a que caduque el visado”. Caducaba el 5, así que el 9 estábamos en la frontera. Por si acaso…

Y claro, al enseñar los pasaportes nos dicen que el visado está caducado. Les argumentamos lo que nos habían dicho en la oficina de inmigración de la capital, pero nos dicen que es mentira y que debemos pagar 40 dólares por cabeza de “penalización”. Es el mismo precio que alargar el visado un mes. Nos negamos en redondo. Y los policías también se negaron del mismo modo a ponernos el sello. Llovía, así que nos refugiamos en la furgo. Había leído en foros de Internet que en situaciones así quien demuestra más paciencia, gana. Pues vamos allá. Nos preparamos unos bocadillos delante de la garita de los policías (más que nada para que nos vieran) y cuando acabamos herví agua para un té y me fui a beberlo al lado de donde ellos estaban. Sin prisas. Sin hacerles caso. Como diciendo “tengo todo el tiempo del mundo”.
Al minuto siguiente nos pidieron de nuevo los pasaportes, nos pusieron el sello y nos rogaron que no fuésemos diciendo por ahí que habíamos pasado sin pagar. “Claro! Todo muy legal, verdad?” pensé para mí mismo. Por suerte en Cote d’Ivore nos recibieron fantásticamente. En 20 minutos ya estábamos subidos de nuevo en la furgo y conduciendo dirección Grand Bassam.

Esa zona (Grand Bassam) la llaman la costa más bonita del país. Yo la calificaría como la zona más turística. Está llena de hoteles, hostales y albergues. Nosotros entramos en un hotel y nos dejaron dormir dentro de la furgoneta, en el parking. Una buena manera de ahorrarse unos cefars. Al día siguiente estábamos en Abidjan, la capital económica de Cote d’Ivore, por un tema de visados. La llegada a esa ciudad es sorprendente. Tiene un skyline tipo Manhattan que no habíamos visto en ninguno de los otros países en los que hemos estado. De lejos sorprende. Pero a medida que te acercas vas descubriendo que la “fortuna” del país, que se gestó a principio de los años 80 gracias al cacao y a la agricultura, se ha desvanecido. Ahora es como una megápolis en decadencia. Los altos edificios son moles de cemento sucio, sin apenas vida. La guerra pasó factura y muchas empresas se dieron a la fuga apresuradamente. Y la mayoría no ha vuelto.

Pese a todo, Cote d’Ivore es el único país de West Africa que tiene una autopista. Y como en el resto del país todo lo que se construyó al paraguas de los millones del cacao ahora no se puede mantener.
Íbamos hacia el centro, hacia la zona más castigada por la guerra. El día volvía a ser lluvioso. Nos llovió todos los días. A veces con intensidad. Otras con unas pocas gotas. Yamoussoukro (llámese Yakro, que aquí lo acortan todo) es la capital política. Allí las callejuelas desaparecen para dar paso a la majestuosidad de las grandes (grandísimas) avenidas que no llevan a ninguna parte. Siempre al estilo africano. Es decir, con arena, polvo, gente, cabras y socavones. A lo lejos vislumbramos una cúpula. Allá que nos fuimos para descubrir una enorme iglesia: la Basílica de Notre Dame de la Paix. Y es que Cote d’Ivore tiene las dos iglesias modernas más grandes del mundo. Esta es la mayor. Su construcción (entre 1985 y 1989) tuvo un coste aproximado de 250 millones de euros. Otra muestra de los contrastes del continente.

El siguiente objetivo en el mapa era Bouaké. Esta caótica ciudad, la segunda más grande del país, es la cuna de los rebeldes. Se nota por la cantidad de coches de Naciones Unidas circulando por las calles y por el gran control policial que hay a la entrada y a la salida. En un sitio así no es recomendable dormir en la furgo, así que nos fuimos al Mon Afrike, un paraíso entre tanto caos y una especie de búnker. Tiene varios guardas armados, doble muro de seguridad, alambrada de púas, puertas blindadas… Una maravilla para recordar la fragilidad política y la inestabilidad del país. Lo alcanzamos después de seguir las indicaciones y perdernos para darnos de bruces con un chimpancé. Y las sorpresas continúan una vez dentro del Mon Afrike. Allí conviven dos perros, una enorme tortuga cuya diversión es tirar las sillas que acaban de recoger los trabajadores y un ciervo al estilo Bambi. Ya lo decíamos: un oasis de paz y tranquilidad… no sólo para las personas.

Más al norte, hacia la frontera de Malí. Ese era nuestro objetivo. Salió el sol, como contento de vernos en ruta de nuevo. Pero le duró poco. Lo justo para descubrir la vegetación selvática que vive en Cote d’Ivore y parar a ver unos telares al borde de la carretera. Hacen estampados increíbles con una simple cámara de coche cortada a lo largo. La habilidad del encargado de diseñar los estampados nos sorprendió. Y el ver a niños de 10 años trabajando en esos telares nos devolvió a la realidad de la manera más directa. Ferkessédougóu (Ferké para los amigos) nos acogió para dormir una noche más antes de cambiar de país. Y no paraba de llover.

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El paraíso está en África

Eso pensamos nosotros cuando encontramos este maravilloso lugar en Cape Three Points. Incluso nos hemos planteado quedarnos a vivir… Es una maravilla escondida, de difícil acceso y de una paz absoluta y un paisaje impresionante. Dormir allí, a cinco metros del agua y viendo las estrellas brillar como nunca lo habíamos visto nos ha cambiado a los dos.
Mirad los vídeos y sabréis porqué:

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Lógica africana

A los europeos nos sorprenden muchas cosas cuando viajamos por África. Nos sorprende el desorden, la incapacidad para hacer una cola, la suciedad, las carreteras… Pero en dos semanas uno se acostumbra a todo. Incluso a lidiar con la corrupción. Pero a lo que no hemos podido acostumbrarnos es al tipo de lógica que gastan. Nosotros la hemos llamado lógica africana. Y difiere mucho de la europea. Incluso de la latina o mediterránea propia de nuestro país que tanto critican en el norte de Europa.

Aquí las cosas son como son. Y no pretendemos cambiarlas. Pero no dejan de ser curiosas. No tiene lógica que los tro-tro, las destartaladas furgonetas que sirven de transporte público (por cierto que una se nos desmontó literalmente encima…) arranquen a toda pastilla de las paradas y se incorporen al tráfico rodado sin mirar si viene algún vehículo. Hemos visto imágenes de peligro extremo cuando un camión cisterna se acercaba por detrás y tuvo que dar un volantazo para no empotrarse con una de ellas. Y lo hacen así porque el primero que llega a la siguiente parada se lleva los clientes que están allí esperando. Prisas, frenazos, pitos y acelerones… hasta llegar al semáforo. Entonces no sabemos qué ocurre ni porqué ocurre, pero el tro-tro que ha llegado primero, el que más temeridades ha hecho, el que luchaba por llevarse un cliente como fuese (lo que le reporta 60 cidis que al cambio no llega ni a 30 céntimos de euro), ESE, arranca apaciblemente y es rebasado por cinco tro-tros que le arrebatan la clientela de la parada que tiene a escasos 100 metros.

Tampoco tiene lógica que circulando por carretera un coche te alcance y no haga ademán de adelantarte durante 50 kilómetros. Pero cuando se decide se coloca a tu lado, te cierra, aminora la marcha, da un frenazo acompañado por un volantazo y se para a comprar lo que vendan en ese momento en el arcén cuando eso mismo lo venden a lo largo de todo el camino. No lo podría haber hecho antes? Pues no…
Lógica africana. Como el que barre todo el bar, lo deja impoluto pero deposita lo barrido en la misma puerta y el viento lo empuja de nuevo hacia el interior. O el que friega el suelo de la zona de paso de un hotel en el momento del checkout que es cuando hay más tráfico de gente, que vendría a ser lo mismo que fregar el suelo de un colegio cuando salen los niños de clase… Eso sí, las cuatro horas anteriores ha estado vagabundeando por las instalaciones con el mocho en la mano sin ponerse a fregar ni una baldosa.

Claudia se enamoró rápidamente de las telas africanas y quiso hacerse un vestido y una falda. Allá que nos fuimos a un sastre en Burkina Faso. Te toman medidas para hacerte el vestido a medida. Pero curiosamente solo toman tres medidas diferentes y encima no se apuntan nada. Resultado desastroso… Una vez en Ghana se lo quiso arreglar, así que nos acercamos a una costurera. Más de lo mismo. Pero esta vez tomaron las tres medidas famosas (cadera, cintura y pecho) y no usaron ni un solo alfiler. A ojo, que es como se demuestra que uno domina su trabajo y sabe lo que se hace. Pero lo debieron medir a su manera, porque cuando fuimos a buscar el resultado no se parecía en nada a lo que pedimos. Claudia había pedido que le cortasen el vestido por debajo de la rodilla y seguía igual. Que le hiciesen el escote más bajo y seguía igual. Que la espalda fuese más destapada y seguía igual. Solo le pusieron una cremallera más larga. Y nada más. Hasta tres veces tuvimos que ir a la costurera para lograr un resultado más o menos aceptable… Con lápiz y papel y un metro hubiésemos avanzado mucho más. Pero… ¿desde cuándo se apuntan las medidas las costureras?

También funcionan diferente los diseñadores gráficos. Acudimos a uno para hacer unos adhesivos de un patrocinador (Quantik) y la experiencia fue cuanto menos curiosa. Los ordenadores tienen los menús y los avisos escritos en alfabeto chino y como no lo entienden van probando cosas hasta conseguir más o menos (siempre menos que más…) lo que buscas.
Poco lógico nos parece a los europeos que hayan cinco personas detrás de la barra de un bufet aburridos como ostras y con los brazos cruzados y tengas que pedir el pan porque no lo han sacado de la cocina, hacerte tu mismo las tostadas, servirte el café y buscar una mesa libre donde no haya comido nadie antes, porque ahí se quedan los platos sucios hasta el día siguiente.

No es lógico que esté bien visto (o por lo menos que no esté mal visto) que una secretaria de una empresa se eche una siestecita mientras estás esperando delante de ella a que llegue el jefe. Simplemente pone los brazos encima de la mesa, la cabeza encima de los brazos y sin ningún reparo se pone a dormir…
Los vendedores de la calle también tienen su propia lógica. Cuando entras en una zona donde venden mangos, hay veinte puestos donde venden mangos. Uno seguido al otro. Bien juntos, para que quien quiera comprar mangos se vuelva loco intentado decidir con quien hace la transacción ayudado por los gritos de los vendedores para llamar su atención. Yo no compro según lo que me gritan. Compro según el aspecto que tengan… Ah! Y si se venden mangos, se venden mangos. Quizás más adelante encuentres 20 puestos donde vendan pan. Todos juntos. Uno al lado de otro. Pero solo pan. Si quieres mangos, haber comprado antes… Porque el mango y el pan deben llevarse mal. Y el pan con la piña también. Y el mango con el plátano. O el plátano con la sandía…

Curioso puede llegar a ser (sobre todo al principio) sentarte en un restaurante, que te traigan una carta con muchos platos y que a la hora de pedir solo tengan tres de ellos. Muchos de estos restaurantes están desabastecidos. Es lógico en África y en según que poblados. Pero… ¿no sería mejor decir de buen principio los platos que tienes y no dejar que el cliente juegue a una especie de lotería sin sentido probando suerte con diez platos diferentes hasta que acierta con uno que sí te pueden servir? O sea, comentar de buen principio: “tenemos A. B y C. El resto no” Así que completar el menú puede llevarte 20 minutos probando y probando:

– “Tienes H?”
– “No. No tenemos”
– “Bien, y J? Tienes J?
– “No. No tenemos”
– “Aha… Y S, tienes?”
– “No. No tenemos”
– “A ver… mira Claudia! Tienen N! Te apetece? Sí claro! Que rico!. Una de N, por favor”
– “No, no tenemos”
– “Vale… y que tienes?”
– “Tenemos pescado”
– “Ah! Pues para mi pescado D”
– “No. No tenemos pescado D”
– “Bueno, pues pescado F”
– “No, no tenemos pescado F”
– “Madre mía… y qué pescado tienes, majo?”
– “Tenemos sólo pescado R”
– “No me gusta, pero tráelo por dios!…”

Y no exagero…

Poca lógica tienen las carreteras. En Ghana, por ejemplo, hay un poblado detrás de otro. Y cada poblado tiene su retahíla de badenes de 60 centímetros de alto. Suelen tener tres: uno al principio, otro en medio y otro al final. Tienes que parar el coche literalmente si no quieres salir despedido. Así, para hacer los 240 kilómetros que separan Kumasi de Accra (las dos principales ciudades del país) tardas 5 horas. Muy “rápido”. Es la solución que ha encontrado el gobierno para aminorar la marcha de los coches en los poblados. Porque en Ghana se construyen autovías, pero no por fuera de las aldeas a modo de variante. Se aprovecha el trazado de la antigua carretera… y se ponen badenes! En la autovía! Si tienes la mala suerte de no ver uno de estos sube-baja y te lo comes, adiós coche… Eso sí: pagas peaje.

En las carreteras también te encuentras camiones. Muchos camiones. Y muy lentos. Pero mucho, mucho. Los puedes adelantar caminando… Los llevan sobrecargados hasta límites insospechados, con los chasis doblados, los tubos de escape escupiendo una humareda impresionante, las bocinas atronando… y sin luces. Entonces, cuando llega la noche, hacen convoyes. Uno que tiene luces va delante abriendo camino. Detrás de él, unos cuatro o cinco camiones. Y el último, el que cierra el grupo, que también tiene luces. Y así van desplazándose. Bueno, más o menos… Estorban más que circulan. Si no sabes de la existencia de estos “convoyes con pocas luces”, empiezas a adelantar y te encuentras con una caravana de camiones a un metro el uno del otro y que no te dejan espacio para volver a entrar en tu carril. Fantástico. Y el camión que no puede seguir el ritmo de la caravana (que debe ser de unos 10km/h en algunos puntos) se para a dormir en medio del carril esperando a que se haga de día para volver a ponerse en movimiento. Y claro, triángulos de emergencia para avisar de que hay una mole parada sin una sola luz en medio del carril por el que circulas, pues no. Se ponen cuatro ramas de un árbol en el suelo y ya está indicado. Es uno de los peligros de circular de noche por África. Y es realmente peligroso. No son para hacer bromas los accidentes que vemos, pero mejor sacarle hierro al asunto… y no circular de noche.

Pese a que ya llevamos dos meses por aquí, hay cosas que nuestra mentalidad occidental no es capaz de asimilar. No son cosas malas. No te molestan una vez las tienes controladas. Te llaman la atención y no creo que nos la deje de llamar. Porque esto es África. Y si lo pones en una balanza, siempre ganarán las personas, con su humor y su alegría. Y la lógica africana te parecerá maravillosa…

Las fotos han sido hechas con el móvil…

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Para dar la vuelta al mundo

Hablas con unos. Hablas con otros. Y todos (o casi) te dicen que su sueño es viajar. Hay muchas maneras de hacerlo. Tantas como personas. Pero la que cada día gana más adeptos es, sin duda, viajar de manera autónoma. O sea, con un vehículo. Y ese vehículo debe ser resistente, amplio y 4×4. Como el nuestro, una Volkswagen T3 Syncro preparada para todo. Es resistente, es amplio y es 4×4. Y nos está llevando a cumplir nuestro sueño de viajar por el mundo. Pero además nosotros tenemos la inmensa suerte de que Volkswagen Vehículos Comerciales nos apoya en todo momento.

Volkswagen. Siempre he sido amante incondicional de esta marca. Antes de viajar con la T3 Syncro lo he hecho al volante de una T2 “aircooled” con motor bóxer 2.0 refrigerado por aire (de ahí “aircooled”). Muchos kilómetros y muchas anécdotas. Una forma diferente de viajar. Y la vendí con mucha pena para hacerme con la maravilla que hoy nos lleva por África. También tuve un Escarabajo. Era un 1200 standard de 1965. Rojo. Y divertido. Muy divertido. También lo vendí. Entonces llegó el Golf VI 1.6 TDI negro, quizás el mejor coche que he tenido. Combinaba prestaciones suficientes para moverse con dinamismo con un consumo ridículo. Siempre Volkswagen. Y creo que siempre viajaré con uno de ellos. Más todavía viendo las últimas creaciones de la marca.

La gama 4Motion de Volkswagen Vehículos Comerciales se ha convertido desde el primer momento en una base inmejorable para preparar un vehículo de expedición. Quizás tenga el concepto de vehículo un poco atrofiado. Siempre los miro como una herramienta para hacer un gran viaje, para vivir en su interior y que sean capaces de llevarme por el mundo. Por todo el mundo. Y ahora la gama 4Motion me tiene enamorado. Abarca versatilidad, seguridad, fiabilidad, capacidades off-road y posibilidades de preparación (o camperización…).
Siete modelos nos ofrece Volkswagen Vehículos Comerciales en su gama 4Motion: Caddy, Transporter, Caravelle, Multivan, California, Amarok y Crafter. Seguro que alguno encaja perfectamente con lo que buscas.

Crafter 4Motion

Nuestro sueño lleva ese nombre. Nos encanta esta furgo. Nos ha gustado desde la primera vez que vimos fotografías corriendo por Internet. Crafter 4Motion… Me la he imaginado mil veces preparada como vehículo overland. Con su mobiliario interior, su zona de baño con ducha y WC y una cama. No necesitas nada más. Cuando viajas te vas dando cuenta de que muchas cosas de nuestra actual furgoneta no se usan. No necesitas un gran almacenaje. Casi siempre encuentras lo que buscas allí donde vas. Siempre que no quieras lujos occidentales, claro. Con unos poco muebles, una cocina de camping gas, unos depósitos de agua, la zona de baño, una calefacción estática y una placa solar que te aporte la electricidad suficiente como para ser totalmente autónomo, te sobra. Claro que se puede viajar con una Crafter totalmente equipada y con unos acabados extraordinarios. Eso va a gusto de cada uno.

El encargado de transformar este modelo en algo excepcional es Achleitner, que sabe un montón de que va esto. Se encargaba de la preparación de las furgonetas que hacían de asistencia en el Dakar y es capaz de transformar vehículos normales en auténticas armas militares. Achleitner ha centrado sus esfuerzos en ofrecer un bastidor de lo más fiable. Ha modificado el eje delantero y el trasero, que es rígido (con las ventajas que eso comporta para su preparación y uso en off road). Muelles reforzados con mayor recorrido, amortiguadores progresivos y estabilizadoras modificadas son capaces de mejorar la distancia libre al suelo en 25cm y de levantar la carrocería 10 centímetros respecto al modelo original. La motorización para el Crafter 4Motion es la más potente de la gama: el 2.0 TDI Biturbo con 163CV y 400Nm de par, más que suficiente para mover nuestra hipotética furgoneta overland perfecta con total soltura por la dunas del Sahara, el barro de Centroamérica, los empinados caminos asiáticos o las aguas de los ríos de la estepa mongola. Ya nos vemos moviéndonos con una de estas maravillas que comercializa Volkswagen Vehículos Comerciales por las zonas más remotas de la tierra. Por soñar que no quede…

T5

La evolución de lo que vendría a ser nuestra T3 Syncro se llama Rockton. Hacía tiempo que Volkswagen Vehículos Comerciales no lanzaba al mercado un modelo tan representativo, ambicioso y multiusos como lo fue la T3 Syncro en su momento. Se trata de una T5 preparada para un uso de lo más intensivo por fuera de carretera. O sea, ideal para hacerse un pequeño vehículo de expedición. Ha sido pensada para dar cobertura a los trabajos más duros, combinando el transporte de personas con el de mercancías. Si un vehículo es capaz de soportar el trato al que le puede someter un conductor profesional en su día a día, no hay duda de que soportará las pistas y las carreteras más duras en cualquier viaje que tengas en mente.

El Rockton está basado en el Transporter Kombi, pero con tracción permanente con un embrague Haldex (de cuarta generación), bloqueo de diferencial en el eje trasero, altura de la carrocería 30mm más alta y suspensión y amortiguadores reforzados. A nosotros nos encanta y vemos en ella un mundo de posibilidades de camperización. Con un techo elevado y cuatro cosas, a viajar!

Si quieres algo menos radical (¿porqué?) en la gama 4Motion de Volkswagen Vehículos Comerciales tienes la Transporter, la Caravelle, la Multivan y la California. Esta última sigue manteniendo el espíritu de las primeras T1, unas furgonetas que son un icono de la libertad incluso 60 años después de haber sido lanzada. Las T5 te permiten tener un solo automóvil para todo. Lo puedes usar para ir a la oficina, repartir paquetes o transportar personas y serán capaces de llevarte hasta donde quieras si ese es tu deseo. La estampa típica de una de estas furgos con el toldo desplegado en medio del desierto hace soñar a cualquiera. ¿o no?

Caddy

La más pequeña de la gama 4Motion no es ni la peor ni la menos versátil. Ni mucho menos. La Caddy tiene muchas ventajas. Empezando por el precio y terminando por el peso y las posibilidades de preparación. El precio es básico para acceder a uno de estos vehículos si tenemos deseos de viajar por todo el mundo. El peso es un problema si viajamos solos. Y las posibilidades de preparar el interior a nuestro gusto es esencial. Nosotros nos quedaríamos con la versión Maxi, con batalla más larga y una interior 45 cm más largo. El acabado Tramper incorpora mesa, sillas, un colchón y una tienda de campaña que se monta en la parte trasera. Atención al Caddy 4Motion Himalaya, que ofrece 3,5cm de altura extra respecto al suelo.

Amarok

Ahora el Amarok se ofrece en cabina simple, lo que le convierte en una muy buena base para montarte una especie de autocarvana todo terreno. Simplemente debes elegir la célula vivienda que más se adapte a tus necesidades y ya lo tienes. La cabina simple es nuestra preferida, pues el peso está mucho más centrado cuando le montas este tipo de células (visita las webs de Tischer, Bimobil o Uro Camper, por ejemplo) y las mismas pueden ser más grandes y espaciosas. En cuanto a las cualidades todo terreneras del Amarok, no vamos a ser nosotros quienes las descubran. Simplemente decir que también ha sido vehículo de asistencia en el Dakar…

Elegir entre uno de los modelos de la gama 4Motion de Volkswagen Vehículos Comerciales no es tarea fácil. Bueno, para nosotros quizás no sea tan difícil. Sólo tienes que leer el principio del texto para darte cuenta de que la Crafter nos tiene robado el corazón…

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150 dólares

Los días de frontera son largos. Es una de las cosas a las que debes acostumbrarte cuando viajas por África. Y también debes saber que Ghana es uno de los países del oeste africano que más trabas pone a la hora de entrar. La razón no está clara. Tiene recursos (se encontró petróleo, lo que disparó su “valoración” mundial), industria, grandes ciudades. En cambio, parece que el turismo no va con ellos. Pero es nuestro destino principal, así que debemos ir.
Plantarse en la frontera de Burkina Faso con Ghana no lleva mucho tiempo. Son relativamente pocos kilómetros desde Ouagadougou. Eran las 11:30h cuando llegamos. Y salir de Burkina Faso tampoco fue difícil. “El día pinta bien!”, pensé.

Y así era hasta que llegamos a la frontera de la policía ghanesa. En las fronteras tienes, por un lado, la policía que te sella el pasaporte. Y por el otro, la aduana que te “sella” el vehículo. Nunca debes olvidar que necesitas los dos sellos, el de la persona y el del coche. Si no te van a cobrar nada por las gestiones que realicen por el coche, no te lo recordarán. Así que estate atento y pregunta siempre cual es el siguiente paso. No quiero ni imaginarme qué pasaría si accedemos a un país sin haber pasado por la aduana…

Nos presentamos los dos ante la policía. Nuestro contacto en Ghana, la gente de Breast Care Internacional, nos había facilitado unos visados ya que en Senegal no nos los hacían si no teníamos la nacionalidad senegalesa, que no es el caso… Rellenamos la ficha inicial, nos toman una foto para el visado biométrico (menuda farsa esto del visado biométrico en África…) y nos hacen entrar en una sala y sentarnos frente a un funcionario. A este hombre le debimos parecer de Marte, pues nos leía la petición de visado que le entregamos en voz alta, muy despacio, una y otra vez. Sobre todo la parte en la que ponía “payment on arrival”. Y lo leía. Y lo volvía a leer. Y nosotros respondíamos que lo entendíamos y que todo ok. Lo hizo una vez más para luego decir: “150 dollars for each one”. Casi nada…

Habíamos sacado dinero en un cajero, pero no tanto. No nos esperábamos ese precio. Preguntamos el porqué de esa cantidad y nos dijeron que era una Emergency Visa. Así lo ponía en el papel que nosotros mismos le entregamos: EV. Y no te queda otra que pagar. “Tarjeta de crédito”, dijimos. No cobran con tarjeta de crédito en casi ningún sitio por debajo de Essaouira (y estamos hablando de Marruecos…). Pero por intentarlo que no quede. No tuvimos éxito. La solución era volver a entrar en Burkina Faso para llegar a un pueblo llamado Pò, donde hay un cajero. Así que cojo la bici (sí, esa que está soldada y apañada de mala manera) y me encamino de nuevo a la frontera de Burkina Faso. Les explico a los funcionarios el problema y entre las risas que seguramente les provocaba el ver a un tipo blanco, sucio, sudado, con chancletas y en bici y el pedir permiso para entrar en su país de nuevo sin sello y en un francés pésimo, pues me dejaron pasar. No sin antes desearme que tenga suerte, porque desde la frontera hasta el cajero más próximo hay 20km a pleno sol. Y un sol de los que abrasan. No era buena idea ir en una bici hecha un trapo…

Busco una solución en forma de taxi-moto en el pequeño poblado fronterizo sin nombre. Negociamos el precio y le digo que me parece demasiado caro. Empiezo a caminar esperando el típico: “ok, ce bonne”. Pero esta vez lo que consigo es un reproche y que el “taxista” arranque su moto rápidamente y se dedique a decirle al resto de taxi-motos que no me lleven por menos de 10.000 cefars (él me pedía 4.000). Muy majete…
La chulería mafiosa de este tipo me obligó a empezar a caminar en busca de un taxi-moto “no oficial”. No tuve suerte. Me decanté entonces por seguir caminando hasta que una mujer me dijo que no siguiera, que desde donde estaba hasta mi destino no había ninguna sombra y que si seguía estaba “fou” (loco, palabras literales). Así que volví hacia el pequeño poblado fronterizo en busca de algún otro tipo de transporte. Vi un taxi (coche esta vez) y negocié el precio: 750cefars por trayecto. Lo que hacía un total de 1.500. Perfecto!
Aquí los taxis funcionan de la siguiente manera: son seis plazas “legales”. Y un taxi nunca arranca hasta llevar 6 pasajeros. Y yo era el tercero. Debíamos esperar a tres personas más. Las esperas suelen ser largas y tienes tiempo para pensar. Y me puse a hacerlo para, finalmente, darme cuenta de que no llevaba ni un cefar encima. Llevaba el pasaporte y la tarjeta de crédito. Nada más.

Hablé con el taxista para ver si me podía llevar hasta el cajero, parar, sacar dinero y pagarle. Pero le pareció demasiado sacrificio. Así que estaba otra vez como al principio pero con dos horas de sol de más encima de mi cabeza. Y Claudia, en la furgoneta inmovilizada entre las dos fronteras. Me puse a caminar de nuevo sin éxito. Nadie me rebajaba el precio. Cuando ya no sabía qué hacer y me disponía a volver a la furgoneta para esperar al día siguiente se acerca un chaval con su moto y me dice que por 5.000 me lleva y me trae de vuelta a la frontera. Y que le pago después. Al final lo acordamos por 4.000. Por fin…
De ahí hasta Pò con el gas a fondo. Pero llegué a las 17.00h, antes de que cerrase la frontera a las 18.00h.

Contento y con el dinero (y con más sol de la cuenta encima) entramos de nuevo en la garita para pagar los visados. Nos habían dicho que el cambio de 150 dólares era 100.000 cefars por cabeza. Se lo damos al policía y entonces, me ilumino: “serán realmente 150 dólares esos 100.000 cefars que nos han dicho?”. Salgo de la habitación con una excusa tonta y vuelvo a la furgo a mirar el cambio oficial que aparece en la guía que llevamos. No cuadra ni por asomo. Lo correcto sería 70.000 cefars por cabeza. Vuelvo a entrar, se lo comento a Claudia y les decimos lo que ocurre. El dinero ya no está encima de la mesa donde lo dejamos cuando salí hacia la furgo. Lo tiene el jefe de frontera en su despacho. Discutimos con los funcionarios hasta que ese jefe, cansado de oírnos, nos hace entrar en ese despacho y nos explica que el cambio es correcto porque es la comisión que él cobra por tener que cambiar de cefars a dólares. 60.000 cefars de gastos extras para cambiar. Menuda cara más dura… Más discusiones con la chulería extrema del jefe y su segundo de a bordo hasta el punto de decirnos que o le pagábamos en dólares o no nos daba el visado y que dormiríamos allí hasta que así lo hiciésemos. Claudia se arranca: “¿Porqué se tiene que pagar en dólares? Que yo sepa, esto no es Estados Unidos aunque se hable inglés! Esto es Ghana y vuestra moneda es el cedis! Así que si quieres cefars, como en un principio habías dicho, bien. Y si no, cambiamos a cedis y te pagamos en cedis! Pero en dólares, NO!”.

No hay manera. Le digo a Claudia gesticulando que llame al jefe de inmigración (que es quien nos había firmado la invitación/ visado). Y de repente, el jefe se pone a rellenar el recibo por un valor de 80.000 cefars, le da la orden a su segundo para que nos ponga el sello y listos. Nunca sabremos qué les hizo cambiar de opinión. Suponemos que llegaron al punto donde la gente paga o no paga. Y saben que si pasas de ese punto estás dispuesto a no pagar. Y nosotros lo pasamos…
La aduana de la furgo, por suerte, fue rápida y legal.

Llegamos hasta Bolgatanga, la primera ciudad de Ghana ,con la intención de encontrar un sitio rápidamente en el que descansar. Todos los posibles alojamientos estaban llenos. Todos menos uno. Un pequeño antro bajo el nombre de Sandgardens. La habitación no tenía nada que envidiar a la de cualquier hostal de puerto que todos hemos visto en las películas españolas que se centran en las aventuras y desventuras de gente más o menos marginal. Horrible no lo define del todo bien… Pero dormir en la furgo no nos pareció seguro. Así que, derrotados, sucios, sudados y malhumorados nos duchamos y nos metimos en la cama. Pero el día no podía terminar sin alguna sorpresa más: la fiebre, que me quiso acompañar toda la noche. Pensamos que sería malaria y nos hemos equivocado. Debió ser una insolación. Pero hemos llegado a Ghana, que era lo importante.

Todo lo explicado no puede ilustrarse. En las fronteras no se pueden hacer fotos y llegamos a Bolgatanga ya de noche. Esa es la razón por la que este post solo tiene dos fotografías…

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Bicis y gusanos

Puedes leer por ahí que Burkina Faso es un sitio para quedarse más tiempo del planeado. Pues debe ser cierto. Un país que se puede cruzar en tres días (a nuestro ritmo, con un coche normal te lo pules en un día) nos costará, si todo va bien, una semana entera. Son muchas cosas las que ocurren aquí. La gente es seria si la comparas con los malís (nadie se pone de acuerdo si son malís o malineses). Pero a la que entablas una conversación se destapan como muy amables. Te dan la bienvenida a sus país y se interesan por ti, por cómo va el viaje, por saber de dónde eres, por tu familia incluso. Y no te molestan. No vas por la calle seguido por una hilera de personas intentando venderte algo. Puedes pasear, mirar algo que te gustaría comprar, hacer fotos, tomarte un café en un bar…

Bobo-Dioulasso es, ya lo dijimos, la segunda ciudad de Burkina Faso. Viven cerca de 450.000 personas, pero la verdad es que cuesta imaginar dónde se meten. No parece tan grande. No hay edificios, no hay grandes barrios. Lo único que hay es polvo y en época de lluvia, como ahora, charcos y barro. Por todas partes hay agua que se queda estancada y se llena de mosquitos. Que te destrocen los pies y los brazos a picotazos es fácil. Y mejor usar un anti mosquitos efectivo de verdad y no lo que todo la gente en España usa: Relec extra fuerte. Debemos visitar las farmacias de aquí para que nos den un remedio urgente…

Bobo (así la llaman) es, en definitiva, agradable. Y está llena de gente agradable. Tanto oriundos como extranjeros. Nosotros coincidimos con una familia francesa de lo más simpática: Fanny, Mika, Satine y Toscan. Son profesores en Nimes. Y viajan con sus dos pequeños de 4 años y 6 meses. Son viajeros. Trabajan para viajar. Este año han decidido pasar los dos meses de vacaciones que tienen visitando Burkina Faso. Nosotros hemos decidido hacer como ellos. Seguir viajando pero a un solo destino y estar el tiempo necesario para conocer a fondo todo un país. Fanny y Mika llegaron a Burkina Faso en avión, se compraron dos bicis y se mueven con transporte público. Y coinciden que África es duro. Y más con dos niños pequeños (uno de ellos un bebé). Tienen un blog muy interesante que recomendamos visitar (si quieres leerlo, haz click aquí).

De ellos, a parte de una cena muy agradable, sacamos una forma de ver las ciudades: en bici. Uno de los días se fueron a visitar una población cercana a Bobo y nos ofrecieron sus bicicletas. No lo dudamos ni un segundo y nos lanzamos al tráfico africano pedaleando. La experiencia nos gustó tanto que ahora tenemos dos bicis vintage africanas dentro de la furgo. Y digo dentro porque el primer día las pusimos en la baca y al pasar por el primer árbol una rama se coló por el cuadro y partió mi bici en dos y dejó la llanta para tirar. Una chapuza con soldador y unos pisotones a la llanta me permiten seguir rodando. La máxima de por aquí: seguir rodando. Harán lo posible para que no te quedes parado. Aunque sea una de las peores chapuzas que haya visto en toda mi vida. Ahora no tengo frenos, voy con una bici en la que el chasis está doblado como si le hubiera pasado un camión por encima y con una rueda que parece un tobogán de un parque acuático. Pero me desplazo. Genial…

Para entrar a Ghana hay dos opciones: o por una carretera desde Bobo o bien desde la capital, Ouagadougou. La primera, que es la más corta, está impracticable en época de lluvias. Y además es de arena. Una arena que aquí es arcilla y que cuando llueve se convierte en un barro implacable. Al mínimo error, te quedas atrapado. La solución es desplazarse hasta la capital, a 370 km al este. Queríamos dormir en un poblado auténticamente Burkino y lo hicimos. La experiencia es inolvidable. Tanto por sus habitantes como por sus múltiples animales e insectos. A contar: burro, lagartos, tortuga, gallinas, hormigas gigantes, mosquitos, moscas, libélulas, pulgas… Pero la ducha africana (un espacio al aire libre con un barreño lleno de agua y un cazo para coger el agua y echártela por encima) y los niños que jugaban sin parar hace que olvides cualquier tipo de incomodidad.

La noche fue larga, pues a las 20h ya estábamos metidos en la furgo. Sin luz eléctrica, con noche cerrada (aquí anochece a las 18.30h), con mosquitos y hormigas picándote y con una compañía que no habla apenas francés, poco se puede hacer. Al levantarse, un té, un café y a seguir camino. Un poco de pan con mantequilla acompaña a la bebida. Lejos queda el homenaje que nos dimos en una tienda de productos orgánicos de Bobo, con su cerveza artesanal y sus platos combinados de productos vegetarianos. Y si seguimos hablando de comida, una de las anécdotas del viaje la hemos tenido en Ouagadougou.

Andábamos con las bicis buscando un mecánico que fuese capaz de afinar ligeramente los desperfectos que había sufrido la mía. No lo encontramos, pero nos paramos delante de un local del que salía música en vivo. Un pequeño grupo de música africana nos esperaba en una especie de plaza de pueblo andaluz. No por lo bonita, sino por la distribución con una gran zona central al aire libre y sus laterales cubiertos. La música sonaba y observábamos las habilidades de la gente para bailar. Esta claro que los negros llevan la música en los huesos.

En una de estas aparece un hombre con una bolsa de la que sacaba algo que se llevaba a la boca. Se acerca y nos ofrece unos gusanos que ya habíamos visto en un mercado rural y que visualmente son poco agraciados. Habíamos estado observando que la gente comparte todo lo que come y que es un feo muy importante rechazar algo a lo que te invitan. Así que no nos queda otra. Nos miramos y nos lo llevamos a la boca: un gusto entre quemado, ahumado e indefinido. Y cruje… Lo acabamos de empujar con un poco de cerveza y nos pedimos unos cacahuetes, que por cierto no están tostados y son frescos.

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