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Lógica africana

A los europeos nos sorprenden muchas cosas cuando viajamos por África. Nos sorprende el desorden, la incapacidad para hacer una cola, la suciedad, las carreteras… Pero en dos semanas uno se acostumbra a todo. Incluso a lidiar con la corrupción. Pero a lo que no hemos podido acostumbrarnos es al tipo de lógica que gastan. Nosotros la hemos llamado lógica africana. Y difiere mucho de la europea. Incluso de la latina o mediterránea propia de nuestro país que tanto critican en el norte de Europa.

Aquí las cosas son como son. Y no pretendemos cambiarlas. Pero no dejan de ser curiosas. No tiene lógica que los tro-tro, las destartaladas furgonetas que sirven de transporte público (por cierto que una se nos desmontó literalmente encima…) arranquen a toda pastilla de las paradas y se incorporen al tráfico rodado sin mirar si viene algún vehículo. Hemos visto imágenes de peligro extremo cuando un camión cisterna se acercaba por detrás y tuvo que dar un volantazo para no empotrarse con una de ellas. Y lo hacen así porque el primero que llega a la siguiente parada se lleva los clientes que están allí esperando. Prisas, frenazos, pitos y acelerones… hasta llegar al semáforo. Entonces no sabemos qué ocurre ni porqué ocurre, pero el tro-tro que ha llegado primero, el que más temeridades ha hecho, el que luchaba por llevarse un cliente como fuese (lo que le reporta 60 cidis que al cambio no llega ni a 30 céntimos de euro), ESE, arranca apaciblemente y es rebasado por cinco tro-tros que le arrebatan la clientela de la parada que tiene a escasos 100 metros.

Tampoco tiene lógica que circulando por carretera un coche te alcance y no haga ademán de adelantarte durante 50 kilómetros. Pero cuando se decide se coloca a tu lado, te cierra, aminora la marcha, da un frenazo acompañado por un volantazo y se para a comprar lo que vendan en ese momento en el arcén cuando eso mismo lo venden a lo largo de todo el camino. No lo podría haber hecho antes? Pues no…
Lógica africana. Como el que barre todo el bar, lo deja impoluto pero deposita lo barrido en la misma puerta y el viento lo empuja de nuevo hacia el interior. O el que friega el suelo de la zona de paso de un hotel en el momento del checkout que es cuando hay más tráfico de gente, que vendría a ser lo mismo que fregar el suelo de un colegio cuando salen los niños de clase… Eso sí, las cuatro horas anteriores ha estado vagabundeando por las instalaciones con el mocho en la mano sin ponerse a fregar ni una baldosa.

Claudia se enamoró rápidamente de las telas africanas y quiso hacerse un vestido y una falda. Allá que nos fuimos a un sastre en Burkina Faso. Te toman medidas para hacerte el vestido a medida. Pero curiosamente solo toman tres medidas diferentes y encima no se apuntan nada. Resultado desastroso… Una vez en Ghana se lo quiso arreglar, así que nos acercamos a una costurera. Más de lo mismo. Pero esta vez tomaron las tres medidas famosas (cadera, cintura y pecho) y no usaron ni un solo alfiler. A ojo, que es como se demuestra que uno domina su trabajo y sabe lo que se hace. Pero lo debieron medir a su manera, porque cuando fuimos a buscar el resultado no se parecía en nada a lo que pedimos. Claudia había pedido que le cortasen el vestido por debajo de la rodilla y seguía igual. Que le hiciesen el escote más bajo y seguía igual. Que la espalda fuese más destapada y seguía igual. Solo le pusieron una cremallera más larga. Y nada más. Hasta tres veces tuvimos que ir a la costurera para lograr un resultado más o menos aceptable… Con lápiz y papel y un metro hubiésemos avanzado mucho más. Pero… ¿desde cuándo se apuntan las medidas las costureras?

También funcionan diferente los diseñadores gráficos. Acudimos a uno para hacer unos adhesivos de un patrocinador (Quantik) y la experiencia fue cuanto menos curiosa. Los ordenadores tienen los menús y los avisos escritos en alfabeto chino y como no lo entienden van probando cosas hasta conseguir más o menos (siempre menos que más…) lo que buscas.
Poco lógico nos parece a los europeos que hayan cinco personas detrás de la barra de un bufet aburridos como ostras y con los brazos cruzados y tengas que pedir el pan porque no lo han sacado de la cocina, hacerte tu mismo las tostadas, servirte el café y buscar una mesa libre donde no haya comido nadie antes, porque ahí se quedan los platos sucios hasta el día siguiente.

No es lógico que esté bien visto (o por lo menos que no esté mal visto) que una secretaria de una empresa se eche una siestecita mientras estás esperando delante de ella a que llegue el jefe. Simplemente pone los brazos encima de la mesa, la cabeza encima de los brazos y sin ningún reparo se pone a dormir…
Los vendedores de la calle también tienen su propia lógica. Cuando entras en una zona donde venden mangos, hay veinte puestos donde venden mangos. Uno seguido al otro. Bien juntos, para que quien quiera comprar mangos se vuelva loco intentado decidir con quien hace la transacción ayudado por los gritos de los vendedores para llamar su atención. Yo no compro según lo que me gritan. Compro según el aspecto que tengan… Ah! Y si se venden mangos, se venden mangos. Quizás más adelante encuentres 20 puestos donde vendan pan. Todos juntos. Uno al lado de otro. Pero solo pan. Si quieres mangos, haber comprado antes… Porque el mango y el pan deben llevarse mal. Y el pan con la piña también. Y el mango con el plátano. O el plátano con la sandía…

Curioso puede llegar a ser (sobre todo al principio) sentarte en un restaurante, que te traigan una carta con muchos platos y que a la hora de pedir solo tengan tres de ellos. Muchos de estos restaurantes están desabastecidos. Es lógico en África y en según que poblados. Pero… ¿no sería mejor decir de buen principio los platos que tienes y no dejar que el cliente juegue a una especie de lotería sin sentido probando suerte con diez platos diferentes hasta que acierta con uno que sí te pueden servir? O sea, comentar de buen principio: “tenemos A. B y C. El resto no” Así que completar el menú puede llevarte 20 minutos probando y probando:

– “Tienes H?”
– “No. No tenemos”
– “Bien, y J? Tienes J?
– “No. No tenemos”
– “Aha… Y S, tienes?”
– “No. No tenemos”
– “A ver… mira Claudia! Tienen N! Te apetece? Sí claro! Que rico!. Una de N, por favor”
– “No, no tenemos”
– “Vale… y que tienes?”
– “Tenemos pescado”
– “Ah! Pues para mi pescado D”
– “No. No tenemos pescado D”
– “Bueno, pues pescado F”
– “No, no tenemos pescado F”
– “Madre mía… y qué pescado tienes, majo?”
– “Tenemos sólo pescado R”
– “No me gusta, pero tráelo por dios!…”

Y no exagero…

Poca lógica tienen las carreteras. En Ghana, por ejemplo, hay un poblado detrás de otro. Y cada poblado tiene su retahíla de badenes de 60 centímetros de alto. Suelen tener tres: uno al principio, otro en medio y otro al final. Tienes que parar el coche literalmente si no quieres salir despedido. Así, para hacer los 240 kilómetros que separan Kumasi de Accra (las dos principales ciudades del país) tardas 5 horas. Muy “rápido”. Es la solución que ha encontrado el gobierno para aminorar la marcha de los coches en los poblados. Porque en Ghana se construyen autovías, pero no por fuera de las aldeas a modo de variante. Se aprovecha el trazado de la antigua carretera… y se ponen badenes! En la autovía! Si tienes la mala suerte de no ver uno de estos sube-baja y te lo comes, adiós coche… Eso sí: pagas peaje.

En las carreteras también te encuentras camiones. Muchos camiones. Y muy lentos. Pero mucho, mucho. Los puedes adelantar caminando… Los llevan sobrecargados hasta límites insospechados, con los chasis doblados, los tubos de escape escupiendo una humareda impresionante, las bocinas atronando… y sin luces. Entonces, cuando llega la noche, hacen convoyes. Uno que tiene luces va delante abriendo camino. Detrás de él, unos cuatro o cinco camiones. Y el último, el que cierra el grupo, que también tiene luces. Y así van desplazándose. Bueno, más o menos… Estorban más que circulan. Si no sabes de la existencia de estos “convoyes con pocas luces”, empiezas a adelantar y te encuentras con una caravana de camiones a un metro el uno del otro y que no te dejan espacio para volver a entrar en tu carril. Fantástico. Y el camión que no puede seguir el ritmo de la caravana (que debe ser de unos 10km/h en algunos puntos) se para a dormir en medio del carril esperando a que se haga de día para volver a ponerse en movimiento. Y claro, triángulos de emergencia para avisar de que hay una mole parada sin una sola luz en medio del carril por el que circulas, pues no. Se ponen cuatro ramas de un árbol en el suelo y ya está indicado. Es uno de los peligros de circular de noche por África. Y es realmente peligroso. No son para hacer bromas los accidentes que vemos, pero mejor sacarle hierro al asunto… y no circular de noche.

Pese a que ya llevamos dos meses por aquí, hay cosas que nuestra mentalidad occidental no es capaz de asimilar. No son cosas malas. No te molestan una vez las tienes controladas. Te llaman la atención y no creo que nos la deje de llamar. Porque esto es África. Y si lo pones en una balanza, siempre ganarán las personas, con su humor y su alegría. Y la lógica africana te parecerá maravillosa…

Las fotos han sido hechas con el móvil…

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Dejamos atrás Marruecos y empezamos a cruzar Mauritania

La carretera seguía y seguía y seguía. Las rectas del sur de marruecos camino al Sahara son interminables. Y aburridas. No hay nada que ver. No hay nada que observar. El paisaje que al principio llama tanto la atención va dejando paso a la indiferencia. Nada. Esa es la palabra.

Pero entre esa nada encontramos un oasis en forma de campamento beduino. Así se llama: Camp Beduin. Lo regenta una pareja, ella árabe y él, francés. El enclavamiento posee una fuerza que no se puede percibir en ningún otro lugar del sur de Marruecos. Su haima lo domina todo. Y la cocina de Hafida, que así se llama ella, es de otro planeta. No hemos comido tan bien desde que salimos de Barcelona. Y eso son muchos kilómetros de pruebas diarias… Sopas, tahin de camello, de pollo con arroz, de verduras, queso de sus cabras y un desayuno que es imposible de acabárselo. Podéis ver las fotos de las comidas en el post que Claudia ha colgado en su blog. El camp se encuentra lejos de la carretera (4’5km de pista) y cerca de las lagunas saladas que hay por la zona y eso hace que el agua de la ducha sea ligeramente salada (solo ligeramente). Y no hay luz eléctrica. Bueno, sí la hay gracias a un generador, pero no funcionaba. No nos importó en absoluto. Y menos todavía sabiendo lo que nos esperaba al día siguiente.

Nos despertamos descansados. Y devoramos el desayuno que nos había preparado Hafida. Nos pusimos rumbo, de nuevo, hacia la nada, que se rompía de vez en cuando por un control policial. Por cierto que no hemos vuelto a tener ningún intento de soborno por parte de ningún policía. Y llegamos a Dakhla. Entrar en la bahía es descubrir un mundo occidentalizado. Hay algún purista que se queja de la incipiente masificación de la zona. A nosotros nos pareció genial. Dakhla ha desplazado a Essaouira como meca del kite surf y la verdad es que no nos extraña en absoluto. Si bien la ciudad no tiene ningún encanto, los paisajes son impresionantes. Si continuas por la bahía llegas hasta la ciudad en sí. Y te das cuenta de que algo es diferente. Hay mucha gente lo que choca con los pueblos abandonados 50, 100 y 150 kilómetros atrás. Y está relativamente limpio para lo que es Marruecos. Vamos a seguir observando: hoteles de 4 estrellas, restaurantes occidentalizados, coches de alta gama, perros paseando por la ciudad… Aquí pasa algo. Claro que pasa! Dakhla es una ciudad militar y el punto de encuentro y reunión de múltiples organismos oficiales. Y esa gente se gana bien la vida. Y si se gana bien la vida, eso se nota por todas partes.

El problema fue encontrar un lugar en el que dormir. Pensábamos que en la zona de la bahía donde se practica kite habrían campings. Pero nos equivocamos. Solo hay zonas de bungalows de lujo para occidentales a precios occidentales. Y una zona para autocaravanas que no nos acabó de convencer. Así que al final acabamos en el único camping de la zona, de muy mala clasificación pero que nos sacó del apuro de la ducha matutina con un agua caliente y potente. Agua caliente? Sí. Por suerte hemos pasado frío por las noches. Cargamos agua dulce y nos vamos. Antes nos hacemos unas fotos con algún camión de algún overlander que encontramos. De momento, los únicos en toda la aventura…

Nos vamos de Dakhla jurando que a la vuelta pararíamos a hacer kite. Ese tipo de promesas te animan por lo menos un rato. Pongamos que ese rato se corresponde con unos 20 kilómetros de carretera que te ahorras de estar mirando hacia el infinito. Nos quedaban 340 kilómetros hasta la frontera de Mauritania. Se suceden las horas. Una, dos, tres, cuatro… A lo largo de la quinta hora alcanzamos la frontera de Marruecos. La pasamos sin problemas con perro rastreador incluido. Los agentes se deben pensar todavía que estamos locos. Normalmente la gente se pone tensa cuando le meten el perro en la furgo. A nosotros nos encantó. Echamos de menos a Syncro (nuestro Border Collie) y eso se nota. Solo nos faltó hacerle mimos al perro policía.

Y salimos de Marruecos. Ahora falta atravesar una pista de enduro de unos 5 kilómetros para alcanzar la otra frontera, la mauritana. En esos cinco kilómetros de tierra de nadie, que se dice que están minados, hay cientos de coches abandonados, desguazados y quemados. Un panorama dantesco que no puedes imaginarte si no pasas por ahí. Increíble. La llegada a la frontera no es menos dantesca. Del orden desordenado de Marruecos se pasa al caos total. Aparcamos y al segundo aparece un tipo que dice trabajar allí. Nos pide los pasaportes, que no le damos ni por asomo. Este tipo de gente se hace pasar por agente de aduanas (aunque en nuestro caso vestía una camiseta blanca que no se había lavado en 7 semanas), te coge los pasaportes, te marea, te hace los trámites (los hace, eso sí) y después te pide dinero o no te da los pasaportes. Suerte que tenía la lección aprendida de la primera vez que visité Marruecos y no le dimos nada.

Tras una hora de ir de aquí para allá, de “hacernos pequeñitos”, como dice Claudia, delante de tanto uniforme militar, de no entender nada y de rellenar papeles ya entrábamos en Mauritania. Tuvimos que pagar un seguro para la furgo, pues la carta verde no cubre en este país. 20 euros, que al cambio son unos 7500 uquias, la moneda Mauritana. Curiosamente, una de las cosas que más ayuda a que los mauritanos se abran (también los marroquíes) es el tatuaje en árabe que llevo en el brazo. Les hace mucha gracia y los controles se pasan en segundos. Porque el tema de los controles es un mundo a parte. Te paran, te piden los pasaportes y la ficha técnica del vehículo. Te llevan a una garita y lo apuntan todo en un bloc enorme. Esto te rompe cualquier media porque hay un control cada 20km. La solución es fotocopiar el pasaporte y escribir el numero de matrícula y la marca de la furgo. Te paran, se lo das al gendarme de turno y sigues. Un truco muy útil.

Llegamos por fin a Nouadhibou, en el norte de Mauritania. En este país no hay campings, hay albergues. En ellos se puede dormir con la furgo dentro, pero los servicios son mínimos. Es lo que hay, así que toca adaptarse. Y lo hacemos muy rápidamente. Después de instalarnos vamos a cenar algo. Solo estaremos dos noches en Mauritania y queremos comer algo típico. El destino nos lleva al Restaurante Tako. Entramos y a los dos minutos llega el dueño. Se llama Luis y es un madrileño que lleva cinco años viviendo en esta ciudad de 80.000 habitantes. Nos empieza a sacar platos y más platos. Incluso ensaladas, que hace días y días que no comemos. Lo devoramos todo y estamos un buen rato hablando con él. Le regalamos una de las tres botellas de vino que llevamos y que nos regalaron nuestros amigos de Lokavore antes de partir. En la frontera nos lo querían requisar si no pagábamos 200DH. En Mauritania está prohibido el alcohol. Cuando el militar de la frontera nos invita a pagarle esa cantidad o se quedan el vino un “ok, no hay problema. El vino ya te lo puedes quedar” lo soluciona todo rápidamente. Al ver que no nos interesaba para nada quedarnos con el alcohol que llevábamos, que era la verdad, decide que por ser nosotros nos deja pasarlo. Pues perfecto. A Luis le dimos una alegría enorme…

Por la mañana conducimos rumbo a Nouakchott, la capital. Más carretera sin fin. Más desierto. Y, ahora sí, el calor hace acto de presencia. Estamos atravesando el Sahara. Que se note! Son 460km que hacemos en dos etapas, parando en la única sombra que hay en todo el recorrido: una gasolinera curiosa. A las 16.00 entramos en esta ciudad de 1 millón de habitantes en víspera de Ramadán y el caos se multiplica. Andamos buscando un albergue en el que nos dejen entrar con la furgo. Finalmente lo conseguimos. Auberge Menata se llama.

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Problemas con la conexión a internet nos impiden colgar más fotos…

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Empiezan los controles

Las sorpresas en este país se suceden una detrás de otra. Lo primero fue Agadir. Esta ciudad fue completamente destruida en los años 60 por un terremoto. Así que todo es nuevo. Incluida la Medina, que fue creada por un arquitecto italiano (no recuerdo ahora el nombre…). La pasamos de largo, pero nos deja claro que el desorden nos acompaña alá donde vamos. Ponemos rumbo a TanTan, que tiene playa y creemos que allí habrán campings. No nos equivocamos, pero antes de llegar allí hacemos una parada para comer en Tiznit. Es una población pequeña. Poco a destacar si no fuese porque nos perdimos con la furgoneta y fuimos a dar directamente la calle del mercado semanal. Fue divertido pasar por en medio y hablar con un orfebre que nos quería cambiar algo de plata por algo de whiskey y que se dirigió a nosotros en un inglés que para lo que se ve por aquí era bastante bueno.

Paramos a comer en esta misma ciudad y como más vale ser previsor, miro el techo para ver si todo está ok. Pues bien, una de las cinchas que sujetan la carga que llevamos estaba suelta. Menos mal que no se cayó nada, por que una sola de las cajas pesa unos 10 kilos y no quiero saber qué hubiese ocurrido de haber caído encima del parabrisas de un coche. Desde ahora las reviso a diario por que el ajetreo de los baches va en aumento…

Las carreteras, otro tema a parte. Cuanto más al sur, mas descuidadas. Pero el cambio respecto a la última vez que estuve viajando por Marruecos es bestial. Nada de carreteras de un solo carril más arcén de tierra. Ahora ya no tienes que tirarte a un lado cuando viene un conductor de cara o jugarte la vida a ver quién aguanta más antes de tirarse a ese arcén que parece un campo de coles. Un descanso, la verdad. Pero ahora, esas carreteras de doble carril son aprovechadas por los conductores de autocares suicidas que circulan a una velocidad elevadísima, con una mano apoyada en la ventana y la otra sujetando un móvil. Da miedo verlos venir ladeados por el sobrepeso que llevan y la ventolera que provocan hace que tengas que sujetar el volante con más fuerza de la que tienes. Y ahora las carreteras están llenas de baches, son más estrechas y los arcenes tienen un palmo de desnivel. Por lo menos algo de emoción para las últimas jornadas de conducción en las que las rectas kilométricas del desierto aburren hasta al policía más veterano acostumbrado a esperar el paso de algún turista para hablar un rato o pedir algo…

Los temidos controles policiales nos habían dejado en paz hasta que llegamos a TanTan. Fue entrar en esta población/ciudad y empezar nuestro calvario. El primero, muy amable. El segundo no puedo describirlo. Nos para y nos dice: “acaba de cometer usted una infracción de primer grado. Se ha saltado un Stop. Son 700DH de multa (70 euros)” Se me ponen los ojos como platos. “700?” le pregunto. “Sí. Así es”. Ya me vi el percal. Me hace bajar de la furgoneta y me lleva a su garita de madera. Allí me dice que me lo puede “arreglar” por 500DH. Le digo que no, pese a que realmente me había saltado el dichoso Stop. Le pido que me rebaje más el precio de su particular “mordida” y me dice que por menos de 500DH no me da ningún recibo de multa. Pero que si le doy 400 lo olvida todo. Al final le suelto 300DH con todo el dolor de mi corazón. Después de darle vueltas en la cama, he llegado a la conclusión de que me coló un gol como una catedral. Pagué por que me había saltado el Stop (que no vi en ningún momento pero Claudia me dijo que sí que estaba), pero el próximo que me pare para multarme tendrá que enseñarme una tarifa de multas o llevarme al cuartelillo a hablar con su superior. 300DH! Madre mía! Cada vez que lo pienso se me revuelve todo. Desde entonces no hemos dejado de pasar controles uno tras otros. Habremos pasado ya, no sé, 20 ó 25. En 400km no está mal…

Otras de las sorpresas que nos tenía preparada Marruecos era el tema de Internet. Nosotros estábamos tan felices con nuestras conexiones diarias en cualquier café o restaurante o camping o gasolinera incluso. Pero eso se acabó. Por el sur hay dificultades incluso para encontrar un teléfono. No hay internet en ningún lado. Solo algunos pueblos que disponen de buena conexión telefónica disponen de algún local con wi-fi. Poco para lo que estábamos acostumbrados… que ya se sabe que a lo bueno se acostumbra uno rápido…

Tras TanTan y su policía corrupto nos desplazamos en busca del camping a TanTan Plage. El nombre, no me lo negaréis, promete. Pero al llegar te das cuenta de que solo es eso: el nombre. TanTan Plage estaría a medio camino entre… y… Bueno, la verdad es que no conocemos ningún sitio comparable a este. Y el Camping Atlantic, al que fuimos a parar aún no sé porqué, merece una mención a parte. No quiero ni recordar el aspecto de los inodoros. Los debieron instalar hace algún tiempo en busca de darle un toque más europeo a sus instalaciones, pues son de taza. Unas instalaciones aún por acabar, como casi todo por aquí. Pues bien, los han usado y no los han limpiado nunca. Yo creo que no saben que se tienen que limpiar. En fin, que tuvimos que estrenar un gadget que llevábamos para emergencias como estas. Suerte de la feria con la noria sacada de una película de terror y que nos animó la tarde/noche. Ya veréis las fotos en otro post…

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Seguimos por Marruecos

Parece que le hemos cogido el gusto a este país. El carácter y el comportamiento de la gente ha cambiado mucho. Ya no llevas una docena de niños y jóvenes detrás, gritando que les des algo por enseñarte la dirección correcta cuando te has perdido, pidiendo un regalo por el simple hecho de ser extranjero, intentándote timar a la que te despistas. Todo eso, de momento, se ha acabado.

Lo pudimos comprobar en Fes. Solo llegar a la ciudad nos asaltó un hombre en moto al grito de: “camping? camping?” a lo que le dijimos que sí. Nos acompañó hasta la puerta del camping y no nos pidió nada a cambio. Primera sorpresa. Después, en la visita a la Medina de la ciudad, tranquilidad total. Es cierto que íbamos con un guía oficial (mujer), pero es que en ningún momento nos molestaron para nada. Así pudimos disfrutar de la visita… y del calor.

Fuimos a Fes a visitar la zona de los curtidores y a tirar algunas fotos desde las terrazas. Pero esta vez incluso pudimos acceder a la zona donde trabajan las pieles para sentir, ni que fuese por un momento, lo que ellos viven cada día.
Evidentemente lo primero que llama la atención es el olor. Es soportable si estás concienciado de adonde vas. Pero si se es un poco impresionable lo puedes llegar a pasar muy mal. Disfrutar del momento es lo mejor que puedes hacer. Y si ves orejas por el suelo, pezuñas, trozos de animal difíciles de identificar o se te manchan los pies de ese líquido mezcla de sangre, tinte, agua y cal pues no pasa nada…

Tras la visita y con un calor insoportable que te deja grogui te puedes ir a pasear por la zona que los oriundos llaman el centro. Fes está dividida en tres grandes barrios: la Medina del siglo VIII (que a su vez se divide en dos), la zona nueva (que era del siglo XIII) y el centro que es del siglo XX. Allí se puede cenar. Pero olvídate de los platos típicos árabes. A los marroquíes les gusta comer platos de otros países. Dicen que sus comidas típicas las cocinan cada día en casa y que si sales a un restaurante no vas a comer lo mismo que en tu casa, no? Así que una crepe, una tortilla, una pizza o un panini es lo que puedes encontrar. Los restaurantes de comidas típicas son para turistas… Después de la cena, un taxi te llevará al camping. No hay que negociar nada. Los taxis de las ciudades llevan taxímetro. 14 dirhams del centro al camping, que estaba como decía nuestra guía “en el culo del mundo”.

A la llegada al camping, sorpresa en forma de boda marroquí. Todo muy kitsch y muy jolgorioso. Hasta las 2.30 de la mañana no pudimos dormir…

Nos despertamos bien pronto para ir a Rabat fresquitos a gestionar el visado de Mauritania en su embajada. No nos hizo falta pues el calor no apareció en todo el día. Llegamos a las 11h a la puerta de la embajada después de atravesar todo Rabat con un tráfico increíblemente denso y un tanto caótico. Solo llegar nos aborda un hombre: “corred, corred! Van a cerrar las puertas! Tenéis que pedir el” formulier” y hacer una “fotocopí”! Entramos a la zona de visados, pedimos el “formulier” y… Se pas de formulier. Nuestras caras de no entender nada, de ir perdidos y de pensar que tendríamos que volver al día siguiente hizo que el funcionario mauritano se apiadara de nosotros y nos diera un formulier para hacer fotocopís. Corriendo nos fuimos a la busca de algún lugar donde nos hicieran la fotocopia. Lo encontramos. Pero no funcionaba la fotocopiadora (this is Africa). Así que a buscar otro lugar. Lo encontramos de nuevo. Un locutorio con cinco cabinas de teléfono todas ellas averiadas. Pero con una fotocopiadora funcionando.

Ya con los papeles fotocopiados, las fotos y los pasaportes nos volvimos a la embajada pensando que habrían cerrado. Pero no. Al funcionario le caímos bien y esperó a que llegásemos para cerrar la garita. Nunca sabremos si fue por casualidad o por esa extraña simpatía que sintió hacia nosotros, pero nosotros queremos pensar que fue por esto último. A la hora de pagar, otra sorpresa. No teníamos suficiente dinero y se impuso otro sprint al cajero más cercano. Y el funcionario, esperando. Todo eso se lo cobró después. ya veréis porqué.

Una vez todo entregado nos dio un papel con dos números y nos dijo que los visados estarían el mismo día a las 16h en punto. Lo recalcó un par de veces. Así que nos fuimos a comer. Nos sobraban 4 horas para recoger los visados. A las 4 menos 20 de la tarde ya estábamos en la puerta de la embajada (muy europeos nosotros…). Pero claro, esto no funciona así. Se abría la puerta, se entregaban diez visados según el orden de ese papelito que hemos comentado antes y se cerraba la puerta. Pero no se cerraba cinco minutos. Ni diez. Ni media hora siquiera. Se cerraba más de una hora cada vez. Se volvía a abrir, accedía Claudia con los números (recordad que las mujeres no hacen colas) y siempre la misma respuesta: “pas encore”. A esperar a la siguiente tanda. Así fueron pasando las horas hasta que finalmente a las 20h lo conseguimos. 8 horas de espera que pasamos entre la furgo, charlas con otros que también esperaban, fotos… Lo dicho, this is Africa.

No contentos con todas las horas de espera, decidimos intentar llegar a dormir a Marrakech. 360km a ritmo de T3 Syncro. O sea, mas de cuatro horas más una hora extra para encontrar el camping. Un camping, eso sí, espectacular. Llegamos a la puerta a la 1.30 de la madrugada y el dueño nos abrió no sin antes decirnos “pero… sabéis qué hora es?! Unas risas y a dormir.

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10fronterasfotofurgo llega a Marruecos

La aventura solidaria junto a Volkswagen Vehículos Comerciales llega al puerto de Tanger, en Marruecos, primera etapa de 10fronterasfotofurgo. Tras más de 24 horas de navegación, ahora empieza lo bueno!

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Las furgos son las protagonistas

Como cada año en la FurgoVW de Sant Pere Pescador Volkswagen Vehículos Comerciales entregará los premios a las furgonetas mejor caracterizadas. En cada edición se ha buscado una temática diferente y para este año, la décima edición, la marca quiere realizar un homenaje a todo aquello que convirtió a sus furgonetas en objetos de culto. Las categorías premiadas son:

– La más alegre
– La más peace
– La más love
– La más Flower power
– La más playera
– La más dulce
– La más camper
– La más surfer
– La más the original
– La más solidaria

Te atreves a caracterizarla? Nosotros sí! Los premios valen mucho la pena!
Anímate!!

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Por la ciudad

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La Syncro está pasando unos días por Barcelona para ponerse en forma. Con la ayuda de Volkswagen será revisada a fondo en un concesionario oficial!!

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Primeros regalos de nuestros patrocinadores

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Muchos comentarios en esta foto. Curioso…

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Mejoras en la furgo. Ya queda menos…

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