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Vídeo homenaje a la Kombi

Fue mi primera furgoneta. Desde pequeño había querido tener una. Recuerdo perfectamente el día que la vi por primera vez, en la Plaza Lesseps de Barcelona. Iba con mi padre y quedé tan maravillado ante esta furgo que nunca más me la pude quitar de la cabeza.

20 años después, con mi primer sueldo (que gané trabajando en Onda Rambla) me fui directo a una sucursal de Caixa Catalunya y pedí un crédito para pagar plazos una T2 que había visto en Campercar, un conocido taller de VW clásicos de la ciudad. Era el año 1999. Me lo concedieron y me fui volando al taller para dar la paga y señal. Por fuera estaba pintada de lila, le faltaban los tapacubos, las llantas estaban oxidadas y el motor fuera de punto. La hice pintar de arriba a abajo en su color original y un repaso a fondo la puso de nuevo a rodar. Fueron muchos los kilómetros recorridos y las anécdotas vividas al volante de la T2, que al final vendí para comprar la T3 Syncro.

Es por eso que hoy, cuando me ha llegado la nota de prensa de VW diciendo que estaba disponible un vídeo de homenaje a la Kombi por el cese de su fabricación tras 56 años en producción, ni me lo he pensado. Siempre tendré un recuerdo imborrable de ella. Espero que lo disfrutéis. Aquí os lo dejo:

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Atrapa tu sueño, como los Zapp

“Debemos escribir otro post”, pensaba desde hacía días. Pero no nos gusta escribir por escribir. Siempre tiene que haber algo que enganche al lector (o al bloguero…). No es necesario que refleje cosas de la aventura así, sin más. Nosotros seguimos teniendo mucho que explicar. Fueron varios meses fuera de casa, viviendo en la furgo y en contacto permanente con la gente de ahí donde pasábamos.
Una de las cosas que van cambiando a medida que avanza una aventura es la sensación de inseguridad. A menudo, cuando preparas un viaje de estas características sentado delante del ordenador, leyendo periódicos, viendo las noticias en televisión, escuchando a amistades alarmistas te vuelves paranoico. Empiezas el viaje pensando que quizás te robarán, que serás atacado, detenido, que quizás te secuestren. Vamos, que desaparecerás de la faz de la tierra. Evidentemente, no hay manera de saber qué ocurrirá, pero a medida que pasan los días te vas relajando llegando incluso a ponerte en peligro. De eso sólo te das cuenta cuando estás de vuelta. Y ni así.
Nosotros no nos vimos en problemas en ningún momento. Ni en Mauritania, ni en Malí, ni en Costa de Marfil. Evidentemente hay ocasiones en las que no ves las cosas claras. Hubo un momento de pánico cuando vimos que no podíamos acceder a Guinea Conakry y teníamos que ir a Malí. Yo lo sufrí. Los nervios te bloquean y no consigues ver nada de manera positiva. Pero Claudia estaba allí para calmar los ánimos y ver las cosas de otra manera. Debíamos seguir para llegar a Ghana. Y esa era la única ruta posible. Los que habéis seguido el blog ya sabéis que fue una de las mejores decisiones de nuestra vida. La gente de Malí es impresionante.
A veces lloro. Lo hago sólo. Me sobreviene una tristeza tremenda recordando lo que vivimos. Es como la morriña galega. Supongo, porque yo soy catalán. Pero lo que está claro es que esos recuerdos te hacen soñar. Incluso a veces desconectar. Te impiden prestar atención a lo que estás haciendo. Como ahora, que estoy en la montaña pero me acabo de trasladar a Burkina Faso. Porque ya sabéis que no queríamos volver.
Unos años antes de partir empecé la lectura de “Atrapa tu sueño”, muy recomendable para los que piensan en cambiar el rumbo de sus vidas algún día. De qué trata? De una pareja que un buen día lo dejaron todo para ponerse en ruta al volante de un antiguo coche de los años 20 (un Graham-Paige de 1928) y cruzar el continente americano desde Argentina hasta Alaska. Fue el primero de una serie de viajes impresionantes que aún hoy siguen llevando a cabo con ese mismo vehículo. Lo puedes adquirir haciendo click aquí. Nosotros hemos empezado a perseguir nuestro sueño, como el título del libro de Candelaria y Herman, “los Zapp”. Y lo atraparemos seguro. En ese libro, una referencia para todo aquel que decide cambiar su vida para vivirla y disfrutarla (y si obviamos la profunda religiosidad de la pareja), hay una cita que dice:
“Lo que ustedes están haciendo es el sueño irrealizado de muchos de nosotros, que vemos pasar los años y las oportunidades por motivos que no tienen razón de ser. Un sueño realizado es la mayor fortuna que un hombre puede llegar a tener. Pase lo que pase, seguirá con él, nadie podrá quitárselo. Ni la muerte. Porque lo llevará guardado en el alma”

Poco más se puede decir. Considero que es una verdad irrebatible. No hay nada mejor que un recuerdo. Pero la vida sigue. Y volver a viajar es difícil. Y sobre todo, costoso. Tenemos decidido cuál será nuestro próximo destino: Asia. Pero hasta que ese momento llegue y podamos acumular otro recuerdo que ni la muerte pueda arrebatarnos, debemos seguir luchando para poder seguir persiguiendo nuestro sueño… hasta atraparlo.

De momento hemos cambiado la calidez de la gente africana, los kilómetros y kilómetros de desierto, las noches en vela por el calor, los mosquitos y las comidas picantes por horas y horas en el estudio de fotografía de Claudia y por un trabajo a tiempo parcial en una estación de ski que no me deja ni un fin de semana ni un festivo libre hasta después de semana santa. Tenemos que ahorrar mientras pensamos en proyectos, como pasar un par de meses en Sardegna para hacer un reportaje que hace tiempo que a Claudia le ronda por la cabeza, o mientras intentamos mover el documental que realizamos en Ghana con las supervivientes del cáncer de mama de los hospitales Peace & Love.

Para los que no lo sepan, ese reportaje debía haber aparecido en la revista Yodona coincidiendo con el día mundial del cáncer de mama que se celebra en octubre, pero a una semana de publicarse y con todo hablado y pactado se tiraron atrás no sabemos aún muy bien porqué. Ellos se basaron en que las fotografías eran duras. El cáncer es una enfermedad dura. Claudia hizo un trabajo excelente para lograr reflejar lo que esas mujeres llegan a sufrir en un continente en el que esta enfermedad sigue siendo tabú. En fin, que nos dejaron tirados y sin cobrar. Y lo que duele más: sin saber nada más de ellos pese a los mails que les enviamos. En fin…

Seguimos adelante. No hay nada que nos pueda parar. Como dice la canción Mar, el poder del mar de Delafé, “esto no se para!”. Nos costará más que en la primera ocasión, pero lo conseguiremos. Estoy seguro de ello.

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dos botes

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Lo que nos hacía rabiar

Hace ya unos días que llegamos a Barcelona. Llegamos a Barcelona, que no quiere decir que hayamos vuelto. Los recuerdos de lo vivido son imborrables. Y lo serán para toda la vida. En tres meses y medio hay días para todo: para la felicidad y para la tristeza; para reír y para llorar; para pasar calor y para pasar frío; para cansarse y para descansar; para hacer fotos y para hacer vídeos; para conocer a gente y para despedirse. Para vivir.

Es duro volver a poner los pies en el suelo de un país desarrollado y de una ciudad como Barcelona. Ves a la gente de otra manera. Los primeros días te horrorizas cuando accedes a un centro comercial y ves lo superficiales que podemos llegar a ser. Queremos irnos. Y cuanto antes lo logremos, mejor.

Queremos irnos para volver a conocer (volver a conocer, curiosa construcción…) a gente de otras culturas. A PERSONAS, en mayúsculas. Personas que nos han abierto su corazón, que nos han ofrecido todo lo que tenían, por muy poco que fuese. Echamos de menos hablar con los policías de los controles de carretera, que se quedaban alucinados al ver el tatuaje de letras árabes que llevo en el antebrazo. Lo traducían y reían. Echamos de menos perder tres horas para cruzar una frontera ahora que sabemos cómo movernos y evitar a los vividores que se creen que eres mercancía y te piden dinero por no hacer absolutamente nada. Queremos sentir de nuevo los nervios de desviarnos de la ruta marcada y acceder a un camino sin saber muy bien donde va a parar. Echamos de menos conducir con el viento entrando por las ventanas y el sol pegando en nuestras caras. Nos teníamos que poner crema protectora para no quedar carbonizados. Y así una anécdota tras otra. Hasta poder llenar un libro.

Nos gusta viajar. Y lo hacemos con gusto. Nos encanta interactuar con los demás. Nos apetece pasar calor en el desierto porque sabemos que por la noche el frío se nos echará encima y podremos encender una fogata para calentarnos. Nos apetece mojarnos con las lluvias torrenciales que dejan todo embarrado, ponernos unas zapatillas de deporte y caminar. Pocas cosas hay que puedan igualar la sensación de caminar por pueblos y ciudades en los que acaba de caer una buena tormenta aunque, como nos pasó en Bobo, nos haya obligado a coger un taxi que no podía resistir el agua y se paraba irremediablemente. Nos gusta buscar lugares para dormir aunque tengamos que empezar la búsqueda a las 3 de la tarde.

Discutimos varias veces a lo largo de los tres meses y medio que duró la aventura. Eso no se le escapa a nadie. Pero lo hicimos a gusto. Discutíamos porque pasar 24 horas juntos en una furgoneta pasando calor, frío, con lluvia, con tormenta de arena, con cansancio, con pena, con nervios, con alegría… pues no es fácil. Pero recompensa hasta límites insospechados. Ahora sabemos que podemos afrontar nuevas aventuras juntos. Y lo haremos. Sin duda. Estar de vuelta en Barcelona es solo un trámite.

Muchos quieren vivir una aventura en su vida. Viajar de otra manera durante un tiempo. Cambiar sus costumbres y olvidarse de todo. Después, a la vuelta, la rutina se convierte en la nueva aventura. No queremos que nos pase eso. Queremos vivir una vida de aventuras y viajes. Y lo haremos. Sin duda. Lo que nos hacía rabiar nos empuja a ello. Porque ahora nos encanta.

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Juramos volver

Nada que ver con el resto de los países que hemos visitado. Dijimos que volveríamos y así lo hicimos. Malí, tan temida desde que aparece en los telediarios, nos volvió a sorprender. Y ya estamos pensando cuándo será la próxima vez que la visitemos. Esta vez lo hicimos porque queríamos. Sin ningún temor, abiertos a lo que nos ofrece ese país y sus gentes. Malí está lleno de sonrisas por todas partes. Solo tienes que buscarlas un poco. Una mirada es suficiente para descubrir los blancos dientes de los que allí habitan. Y da lo mismo que sean niños, adolescentes, adultos o ancianos. Todos dibujan una gran sonrisa cuando te ven.

En esta ocasión habíamos decidido no dormir en ningún hotel de las ciudades importantes del país. Más que nada porque nos estamos quedando sin dinero y tenemos que ahorrar como sea…
Entramos a través de la frontera con Cote d’Ivore. Para este viaje disponemos del Carnet du Passage en Douane (CPD), unos impresos oficiales para la importación temporal de un vehículo. Te ahorra muchos problemas en las aduanas de las fronteras y bastantes euros, pues donde no sirve te suelen cobrar una cantidad importante por un permiso para transitar por el país que suele ser de 15 días. Malí es uno de estos países. El CPD no sirve y debes pagar 5.000 cefars por la furgo. Allí que nos plantamos los dos con nuestro bloc de documentos de importación (CPD) y con toda la cara del mundo les explicamos a los aduaneros qué era eso que tenían delante de sus ojos y cómo se rellenaba. El 99% de los que trabajan en las fronteras no han visto un CPD en su vida… La primera vez, entrando desde Senegal, nos dijeron que no servía. Pero esta vez coló. Así que con el sello en el CPD empezamos a entrar en Malí.

La tarde en West Africa dura poco. A las 18h anochece. Queríamos dormir en Sikasso, la primera ciudad después de la frontera, pero al llegar allí nos dimos cuenta de que no era muy agradable dormir en la furgo en medio de una ciudad africana. Aún quedaba una hora y media de luz y decidimos seguir rodando. Tras una hora más de conducción vimos un poblado a lo lejos y decidimos acercarnos a ver si nos acogían para dormir allí. Guelebougoula resultó llamarse. Al llegar preguntamos por el jefe del poblado, que muy amablemente nos aceptó. Nos dejó aparcar la furgo en medio del poblado. La gente no hacía más que mirar y mirar. Miraban todo lo que hacíamos. Si abría el portón, todos se acercaban. Si abría la puerta lateral, todos se acercaban. Sacaba la mesa y allí estaban. Mirando. Se acomodaron a unos pocos metros y allí pasaron las horas. Nosotros preparamos un poco de pasta con tomate para cenar y les acercamos un plato para que lo compartiesen. A los dos minutos ya teníamos el plato de vuelta con una sonrisa de oreja a oreja. Después de cenar, una infusión y a dormir. Poco había para hacer, sin luz, sin vernos las caras, sin hablar nada de nuestras respectivas lenguas. Así que nos metimos en la cama. A la mañana siguiente nos despedimos cordialmente de todo el poblado y seguimos la marcha.

La noche siguiente la pasamos cerca de Bamako. Habíamos escogido un campamento que resultó ser un lugar idílico. Está a una media hora de la capital, en medio de la montaña, cerca del río Níger: Le Campament Kangaba. La historia del lugar es muy singular. Hervé, el propietario, es un francés fabricante de djembés. Un buen día tomó conciencia de que su trabajo destruía árboles y que estaba ayudando a la deforestación de África. Así que se fue a Malí y se compró un terreno en el que empezó a plantar árboles para compensar el daño que había hecho. Un terreno de 20 hectáreas con una colina a la que subir merece la pena. Un treking espectacular por las vistas. Poco a poco los amigos empezaron a presionar para que les hiciese una casita de madera para pasar unos días en plena naturaleza. Y una casita dio paso a otra. Y esa otra, a una tercera. Y así se construyó Le Campament. Se tiene que ir por lo menos una vez en la vida. Además, a Claudia le llovió una oferta de trabajo por parte de Mariane, la mujer de Hervé. Podeís verlo en su blog.

Tuvimos que dejar este paraíso maliense para seguir camino. Esta vez el anochecer nos cogió a medio camino de Kayes. Se suele llegar en un día, pero habíamos estado esperando el visado de Mauritania en la embajada de Bamako (que no conseguimos…) y salimos tarde.
Así que la zona escogida para dormir fue la naturaleza. Nos desviamos por un camino que quedaba a nuestra izquierda y un gran árbol nos dio cobijo. Aquí no había nadie mirando. Pasamos la noche en soledad.

Senegal ya nos quedaba cerca. Un último esfuerzo para abandonar Malí y un último vistazo a las caras de sus gentes. Juramos volver de nuevo.

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Volver a empezar

En España deben estar todos con el tema de la vuelta al cole, al trabajo, a la rutina. Nosotros también. Pero de otra manera. En un viaje como este llega un momento en que debes tomar la decisión de volver. Quizás vuelves por unos meses, unos días o unos años. Eso ya se verá. Pero es como volver a empezar. Todo tiene un principio y un final. Y este es el principio de nuestro final. El final de la aventura ya se acerca. Nos faltan unas cuantas semanas. A algunos les parecerá una eternidad, pero para nosotros los días pasan rápidos. Sin darnos cuenta alcanzaremos Tanger para embarcar camino de Barcelona.

Ghana ya queda lejos, pero el recuerdo que nos llevamos es tan bueno que siempre estará presente. Nos ha marcado. Los que seguís el blog ya sabéis porqué. Pero es que, además, la despedida no podía ser mejor. En nuestro canal de youtube colgamos hace unos días un par de vídeos de Cap Three Points. Fue una recomendación de Xavier y Queralt, una pareja catalana que vive con sus dos hijos desde hace un año en Accra, la capital de Ghana. Nos recibieron con los brazos abiertos y hablando de cosas bonitas para ver Xavier nos dijo que esa zona era para no perdérsela. Y así era. Tiene algo especial. Es salvaje, inaccesible, calurosa. Es el lugar donde hemos decidido que, si cambiamos de vida, deberán buscarnos.

Costa de Marfil (así se conocía en nuestro país) hace poco que dejó la guerra atrás. El simple hecho de oír su nombre me traía malos recuerdos. Oficialmente en 2002 entró en guerra. Una guerra que hacía años que estaba presenté, pero no declarada abiertamente. Y una guerra africana, entre africanos, sin intervención de las llamadas “fuerzas de paz” hasta que se pierde el control, se convierte en la mayoría de casos en una sangría sin límite. Las atrocidades vividas por los marfileños hace que después de 4 años oficialmente desarmada queden en el aire sentimientos de venganza, miedos, rencores. Y se percibe. Sobre todo en el centro y en el norte.

La entrada a Cote d’Ivore desde Ghana no fue fácil. Ninguna frontera lo es. Pero lo nuestro roza la mala suerte. Nos caducaba el visado el día 5 de septiembre. Fuimos a renovarlo unos días antes, pues queríamos visitar alguna zona del país que no habíamos visto. Al llegar a la oficina de inmigración de Accra rellenamos unos papeles y los entregamos en la ventanilla. Al momento nos dicen: “no hace falta renovarlo si vais a salir del país dentro de los cinco días siguientes a que caduque el visado”. Caducaba el 5, así que el 9 estábamos en la frontera. Por si acaso…

Y claro, al enseñar los pasaportes nos dicen que el visado está caducado. Les argumentamos lo que nos habían dicho en la oficina de inmigración de la capital, pero nos dicen que es mentira y que debemos pagar 40 dólares por cabeza de “penalización”. Es el mismo precio que alargar el visado un mes. Nos negamos en redondo. Y los policías también se negaron del mismo modo a ponernos el sello. Llovía, así que nos refugiamos en la furgo. Había leído en foros de Internet que en situaciones así quien demuestra más paciencia, gana. Pues vamos allá. Nos preparamos unos bocadillos delante de la garita de los policías (más que nada para que nos vieran) y cuando acabamos herví agua para un té y me fui a beberlo al lado de donde ellos estaban. Sin prisas. Sin hacerles caso. Como diciendo “tengo todo el tiempo del mundo”.
Al minuto siguiente nos pidieron de nuevo los pasaportes, nos pusieron el sello y nos rogaron que no fuésemos diciendo por ahí que habíamos pasado sin pagar. “Claro! Todo muy legal, verdad?” pensé para mí mismo. Por suerte en Cote d’Ivore nos recibieron fantásticamente. En 20 minutos ya estábamos subidos de nuevo en la furgo y conduciendo dirección Grand Bassam.

Esa zona (Grand Bassam) la llaman la costa más bonita del país. Yo la calificaría como la zona más turística. Está llena de hoteles, hostales y albergues. Nosotros entramos en un hotel y nos dejaron dormir dentro de la furgoneta, en el parking. Una buena manera de ahorrarse unos cefars. Al día siguiente estábamos en Abidjan, la capital económica de Cote d’Ivore, por un tema de visados. La llegada a esa ciudad es sorprendente. Tiene un skyline tipo Manhattan que no habíamos visto en ninguno de los otros países en los que hemos estado. De lejos sorprende. Pero a medida que te acercas vas descubriendo que la “fortuna” del país, que se gestó a principio de los años 80 gracias al cacao y a la agricultura, se ha desvanecido. Ahora es como una megápolis en decadencia. Los altos edificios son moles de cemento sucio, sin apenas vida. La guerra pasó factura y muchas empresas se dieron a la fuga apresuradamente. Y la mayoría no ha vuelto.

Pese a todo, Cote d’Ivore es el único país de West Africa que tiene una autopista. Y como en el resto del país todo lo que se construyó al paraguas de los millones del cacao ahora no se puede mantener.
Íbamos hacia el centro, hacia la zona más castigada por la guerra. El día volvía a ser lluvioso. Nos llovió todos los días. A veces con intensidad. Otras con unas pocas gotas. Yamoussoukro (llámese Yakro, que aquí lo acortan todo) es la capital política. Allí las callejuelas desaparecen para dar paso a la majestuosidad de las grandes (grandísimas) avenidas que no llevan a ninguna parte. Siempre al estilo africano. Es decir, con arena, polvo, gente, cabras y socavones. A lo lejos vislumbramos una cúpula. Allá que nos fuimos para descubrir una enorme iglesia: la Basílica de Notre Dame de la Paix. Y es que Cote d’Ivore tiene las dos iglesias modernas más grandes del mundo. Esta es la mayor. Su construcción (entre 1985 y 1989) tuvo un coste aproximado de 250 millones de euros. Otra muestra de los contrastes del continente.

El siguiente objetivo en el mapa era Bouaké. Esta caótica ciudad, la segunda más grande del país, es la cuna de los rebeldes. Se nota por la cantidad de coches de Naciones Unidas circulando por las calles y por el gran control policial que hay a la entrada y a la salida. En un sitio así no es recomendable dormir en la furgo, así que nos fuimos al Mon Afrike, un paraíso entre tanto caos y una especie de búnker. Tiene varios guardas armados, doble muro de seguridad, alambrada de púas, puertas blindadas… Una maravilla para recordar la fragilidad política y la inestabilidad del país. Lo alcanzamos después de seguir las indicaciones y perdernos para darnos de bruces con un chimpancé. Y las sorpresas continúan una vez dentro del Mon Afrike. Allí conviven dos perros, una enorme tortuga cuya diversión es tirar las sillas que acaban de recoger los trabajadores y un ciervo al estilo Bambi. Ya lo decíamos: un oasis de paz y tranquilidad… no sólo para las personas.

Más al norte, hacia la frontera de Malí. Ese era nuestro objetivo. Salió el sol, como contento de vernos en ruta de nuevo. Pero le duró poco. Lo justo para descubrir la vegetación selvática que vive en Cote d’Ivore y parar a ver unos telares al borde de la carretera. Hacen estampados increíbles con una simple cámara de coche cortada a lo largo. La habilidad del encargado de diseñar los estampados nos sorprendió. Y el ver a niños de 10 años trabajando en esos telares nos devolvió a la realidad de la manera más directa. Ferkessédougóu (Ferké para los amigos) nos acogió para dormir una noche más antes de cambiar de país. Y no paraba de llover.

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El paraíso está en África

Eso pensamos nosotros cuando encontramos este maravilloso lugar en Cape Three Points. Incluso nos hemos planteado quedarnos a vivir… Es una maravilla escondida, de difícil acceso y de una paz absoluta y un paisaje impresionante. Dormir allí, a cinco metros del agua y viendo las estrellas brillar como nunca lo habíamos visto nos ha cambiado a los dos.
Mirad los vídeos y sabréis porqué:

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Lógica africana

A los europeos nos sorprenden muchas cosas cuando viajamos por África. Nos sorprende el desorden, la incapacidad para hacer una cola, la suciedad, las carreteras… Pero en dos semanas uno se acostumbra a todo. Incluso a lidiar con la corrupción. Pero a lo que no hemos podido acostumbrarnos es al tipo de lógica que gastan. Nosotros la hemos llamado lógica africana. Y difiere mucho de la europea. Incluso de la latina o mediterránea propia de nuestro país que tanto critican en el norte de Europa.

Aquí las cosas son como son. Y no pretendemos cambiarlas. Pero no dejan de ser curiosas. No tiene lógica que los tro-tro, las destartaladas furgonetas que sirven de transporte público (por cierto que una se nos desmontó literalmente encima…) arranquen a toda pastilla de las paradas y se incorporen al tráfico rodado sin mirar si viene algún vehículo. Hemos visto imágenes de peligro extremo cuando un camión cisterna se acercaba por detrás y tuvo que dar un volantazo para no empotrarse con una de ellas. Y lo hacen así porque el primero que llega a la siguiente parada se lleva los clientes que están allí esperando. Prisas, frenazos, pitos y acelerones… hasta llegar al semáforo. Entonces no sabemos qué ocurre ni porqué ocurre, pero el tro-tro que ha llegado primero, el que más temeridades ha hecho, el que luchaba por llevarse un cliente como fuese (lo que le reporta 60 cidis que al cambio no llega ni a 30 céntimos de euro), ESE, arranca apaciblemente y es rebasado por cinco tro-tros que le arrebatan la clientela de la parada que tiene a escasos 100 metros.

Tampoco tiene lógica que circulando por carretera un coche te alcance y no haga ademán de adelantarte durante 50 kilómetros. Pero cuando se decide se coloca a tu lado, te cierra, aminora la marcha, da un frenazo acompañado por un volantazo y se para a comprar lo que vendan en ese momento en el arcén cuando eso mismo lo venden a lo largo de todo el camino. No lo podría haber hecho antes? Pues no…
Lógica africana. Como el que barre todo el bar, lo deja impoluto pero deposita lo barrido en la misma puerta y el viento lo empuja de nuevo hacia el interior. O el que friega el suelo de la zona de paso de un hotel en el momento del checkout que es cuando hay más tráfico de gente, que vendría a ser lo mismo que fregar el suelo de un colegio cuando salen los niños de clase… Eso sí, las cuatro horas anteriores ha estado vagabundeando por las instalaciones con el mocho en la mano sin ponerse a fregar ni una baldosa.

Claudia se enamoró rápidamente de las telas africanas y quiso hacerse un vestido y una falda. Allá que nos fuimos a un sastre en Burkina Faso. Te toman medidas para hacerte el vestido a medida. Pero curiosamente solo toman tres medidas diferentes y encima no se apuntan nada. Resultado desastroso… Una vez en Ghana se lo quiso arreglar, así que nos acercamos a una costurera. Más de lo mismo. Pero esta vez tomaron las tres medidas famosas (cadera, cintura y pecho) y no usaron ni un solo alfiler. A ojo, que es como se demuestra que uno domina su trabajo y sabe lo que se hace. Pero lo debieron medir a su manera, porque cuando fuimos a buscar el resultado no se parecía en nada a lo que pedimos. Claudia había pedido que le cortasen el vestido por debajo de la rodilla y seguía igual. Que le hiciesen el escote más bajo y seguía igual. Que la espalda fuese más destapada y seguía igual. Solo le pusieron una cremallera más larga. Y nada más. Hasta tres veces tuvimos que ir a la costurera para lograr un resultado más o menos aceptable… Con lápiz y papel y un metro hubiésemos avanzado mucho más. Pero… ¿desde cuándo se apuntan las medidas las costureras?

También funcionan diferente los diseñadores gráficos. Acudimos a uno para hacer unos adhesivos de un patrocinador (Quantik) y la experiencia fue cuanto menos curiosa. Los ordenadores tienen los menús y los avisos escritos en alfabeto chino y como no lo entienden van probando cosas hasta conseguir más o menos (siempre menos que más…) lo que buscas.
Poco lógico nos parece a los europeos que hayan cinco personas detrás de la barra de un bufet aburridos como ostras y con los brazos cruzados y tengas que pedir el pan porque no lo han sacado de la cocina, hacerte tu mismo las tostadas, servirte el café y buscar una mesa libre donde no haya comido nadie antes, porque ahí se quedan los platos sucios hasta el día siguiente.

No es lógico que esté bien visto (o por lo menos que no esté mal visto) que una secretaria de una empresa se eche una siestecita mientras estás esperando delante de ella a que llegue el jefe. Simplemente pone los brazos encima de la mesa, la cabeza encima de los brazos y sin ningún reparo se pone a dormir…
Los vendedores de la calle también tienen su propia lógica. Cuando entras en una zona donde venden mangos, hay veinte puestos donde venden mangos. Uno seguido al otro. Bien juntos, para que quien quiera comprar mangos se vuelva loco intentado decidir con quien hace la transacción ayudado por los gritos de los vendedores para llamar su atención. Yo no compro según lo que me gritan. Compro según el aspecto que tengan… Ah! Y si se venden mangos, se venden mangos. Quizás más adelante encuentres 20 puestos donde vendan pan. Todos juntos. Uno al lado de otro. Pero solo pan. Si quieres mangos, haber comprado antes… Porque el mango y el pan deben llevarse mal. Y el pan con la piña también. Y el mango con el plátano. O el plátano con la sandía…

Curioso puede llegar a ser (sobre todo al principio) sentarte en un restaurante, que te traigan una carta con muchos platos y que a la hora de pedir solo tengan tres de ellos. Muchos de estos restaurantes están desabastecidos. Es lógico en África y en según que poblados. Pero… ¿no sería mejor decir de buen principio los platos que tienes y no dejar que el cliente juegue a una especie de lotería sin sentido probando suerte con diez platos diferentes hasta que acierta con uno que sí te pueden servir? O sea, comentar de buen principio: “tenemos A. B y C. El resto no” Así que completar el menú puede llevarte 20 minutos probando y probando:

– “Tienes H?”
– “No. No tenemos”
– “Bien, y J? Tienes J?
– “No. No tenemos”
– “Aha… Y S, tienes?”
– “No. No tenemos”
– “A ver… mira Claudia! Tienen N! Te apetece? Sí claro! Que rico!. Una de N, por favor”
– “No, no tenemos”
– “Vale… y que tienes?”
– “Tenemos pescado”
– “Ah! Pues para mi pescado D”
– “No. No tenemos pescado D”
– “Bueno, pues pescado F”
– “No, no tenemos pescado F”
– “Madre mía… y qué pescado tienes, majo?”
– “Tenemos sólo pescado R”
– “No me gusta, pero tráelo por dios!…”

Y no exagero…

Poca lógica tienen las carreteras. En Ghana, por ejemplo, hay un poblado detrás de otro. Y cada poblado tiene su retahíla de badenes de 60 centímetros de alto. Suelen tener tres: uno al principio, otro en medio y otro al final. Tienes que parar el coche literalmente si no quieres salir despedido. Así, para hacer los 240 kilómetros que separan Kumasi de Accra (las dos principales ciudades del país) tardas 5 horas. Muy “rápido”. Es la solución que ha encontrado el gobierno para aminorar la marcha de los coches en los poblados. Porque en Ghana se construyen autovías, pero no por fuera de las aldeas a modo de variante. Se aprovecha el trazado de la antigua carretera… y se ponen badenes! En la autovía! Si tienes la mala suerte de no ver uno de estos sube-baja y te lo comes, adiós coche… Eso sí: pagas peaje.

En las carreteras también te encuentras camiones. Muchos camiones. Y muy lentos. Pero mucho, mucho. Los puedes adelantar caminando… Los llevan sobrecargados hasta límites insospechados, con los chasis doblados, los tubos de escape escupiendo una humareda impresionante, las bocinas atronando… y sin luces. Entonces, cuando llega la noche, hacen convoyes. Uno que tiene luces va delante abriendo camino. Detrás de él, unos cuatro o cinco camiones. Y el último, el que cierra el grupo, que también tiene luces. Y así van desplazándose. Bueno, más o menos… Estorban más que circulan. Si no sabes de la existencia de estos “convoyes con pocas luces”, empiezas a adelantar y te encuentras con una caravana de camiones a un metro el uno del otro y que no te dejan espacio para volver a entrar en tu carril. Fantástico. Y el camión que no puede seguir el ritmo de la caravana (que debe ser de unos 10km/h en algunos puntos) se para a dormir en medio del carril esperando a que se haga de día para volver a ponerse en movimiento. Y claro, triángulos de emergencia para avisar de que hay una mole parada sin una sola luz en medio del carril por el que circulas, pues no. Se ponen cuatro ramas de un árbol en el suelo y ya está indicado. Es uno de los peligros de circular de noche por África. Y es realmente peligroso. No son para hacer bromas los accidentes que vemos, pero mejor sacarle hierro al asunto… y no circular de noche.

Pese a que ya llevamos dos meses por aquí, hay cosas que nuestra mentalidad occidental no es capaz de asimilar. No son cosas malas. No te molestan una vez las tienes controladas. Te llaman la atención y no creo que nos la deje de llamar. Porque esto es África. Y si lo pones en una balanza, siempre ganarán las personas, con su humor y su alegría. Y la lógica africana te parecerá maravillosa…

Las fotos han sido hechas con el móvil…

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Para dar la vuelta al mundo

Hablas con unos. Hablas con otros. Y todos (o casi) te dicen que su sueño es viajar. Hay muchas maneras de hacerlo. Tantas como personas. Pero la que cada día gana más adeptos es, sin duda, viajar de manera autónoma. O sea, con un vehículo. Y ese vehículo debe ser resistente, amplio y 4×4. Como el nuestro, una Volkswagen T3 Syncro preparada para todo. Es resistente, es amplio y es 4×4. Y nos está llevando a cumplir nuestro sueño de viajar por el mundo. Pero además nosotros tenemos la inmensa suerte de que Volkswagen Vehículos Comerciales nos apoya en todo momento.

Volkswagen. Siempre he sido amante incondicional de esta marca. Antes de viajar con la T3 Syncro lo he hecho al volante de una T2 “aircooled” con motor bóxer 2.0 refrigerado por aire (de ahí “aircooled”). Muchos kilómetros y muchas anécdotas. Una forma diferente de viajar. Y la vendí con mucha pena para hacerme con la maravilla que hoy nos lleva por África. También tuve un Escarabajo. Era un 1200 standard de 1965. Rojo. Y divertido. Muy divertido. También lo vendí. Entonces llegó el Golf VI 1.6 TDI negro, quizás el mejor coche que he tenido. Combinaba prestaciones suficientes para moverse con dinamismo con un consumo ridículo. Siempre Volkswagen. Y creo que siempre viajaré con uno de ellos. Más todavía viendo las últimas creaciones de la marca.

La gama 4Motion de Volkswagen Vehículos Comerciales se ha convertido desde el primer momento en una base inmejorable para preparar un vehículo de expedición. Quizás tenga el concepto de vehículo un poco atrofiado. Siempre los miro como una herramienta para hacer un gran viaje, para vivir en su interior y que sean capaces de llevarme por el mundo. Por todo el mundo. Y ahora la gama 4Motion me tiene enamorado. Abarca versatilidad, seguridad, fiabilidad, capacidades off-road y posibilidades de preparación (o camperización…).
Siete modelos nos ofrece Volkswagen Vehículos Comerciales en su gama 4Motion: Caddy, Transporter, Caravelle, Multivan, California, Amarok y Crafter. Seguro que alguno encaja perfectamente con lo que buscas.

Crafter 4Motion

Nuestro sueño lleva ese nombre. Nos encanta esta furgo. Nos ha gustado desde la primera vez que vimos fotografías corriendo por Internet. Crafter 4Motion… Me la he imaginado mil veces preparada como vehículo overland. Con su mobiliario interior, su zona de baño con ducha y WC y una cama. No necesitas nada más. Cuando viajas te vas dando cuenta de que muchas cosas de nuestra actual furgoneta no se usan. No necesitas un gran almacenaje. Casi siempre encuentras lo que buscas allí donde vas. Siempre que no quieras lujos occidentales, claro. Con unos poco muebles, una cocina de camping gas, unos depósitos de agua, la zona de baño, una calefacción estática y una placa solar que te aporte la electricidad suficiente como para ser totalmente autónomo, te sobra. Claro que se puede viajar con una Crafter totalmente equipada y con unos acabados extraordinarios. Eso va a gusto de cada uno.

El encargado de transformar este modelo en algo excepcional es Achleitner, que sabe un montón de que va esto. Se encargaba de la preparación de las furgonetas que hacían de asistencia en el Dakar y es capaz de transformar vehículos normales en auténticas armas militares. Achleitner ha centrado sus esfuerzos en ofrecer un bastidor de lo más fiable. Ha modificado el eje delantero y el trasero, que es rígido (con las ventajas que eso comporta para su preparación y uso en off road). Muelles reforzados con mayor recorrido, amortiguadores progresivos y estabilizadoras modificadas son capaces de mejorar la distancia libre al suelo en 25cm y de levantar la carrocería 10 centímetros respecto al modelo original. La motorización para el Crafter 4Motion es la más potente de la gama: el 2.0 TDI Biturbo con 163CV y 400Nm de par, más que suficiente para mover nuestra hipotética furgoneta overland perfecta con total soltura por la dunas del Sahara, el barro de Centroamérica, los empinados caminos asiáticos o las aguas de los ríos de la estepa mongola. Ya nos vemos moviéndonos con una de estas maravillas que comercializa Volkswagen Vehículos Comerciales por las zonas más remotas de la tierra. Por soñar que no quede…

T5

La evolución de lo que vendría a ser nuestra T3 Syncro se llama Rockton. Hacía tiempo que Volkswagen Vehículos Comerciales no lanzaba al mercado un modelo tan representativo, ambicioso y multiusos como lo fue la T3 Syncro en su momento. Se trata de una T5 preparada para un uso de lo más intensivo por fuera de carretera. O sea, ideal para hacerse un pequeño vehículo de expedición. Ha sido pensada para dar cobertura a los trabajos más duros, combinando el transporte de personas con el de mercancías. Si un vehículo es capaz de soportar el trato al que le puede someter un conductor profesional en su día a día, no hay duda de que soportará las pistas y las carreteras más duras en cualquier viaje que tengas en mente.

El Rockton está basado en el Transporter Kombi, pero con tracción permanente con un embrague Haldex (de cuarta generación), bloqueo de diferencial en el eje trasero, altura de la carrocería 30mm más alta y suspensión y amortiguadores reforzados. A nosotros nos encanta y vemos en ella un mundo de posibilidades de camperización. Con un techo elevado y cuatro cosas, a viajar!

Si quieres algo menos radical (¿porqué?) en la gama 4Motion de Volkswagen Vehículos Comerciales tienes la Transporter, la Caravelle, la Multivan y la California. Esta última sigue manteniendo el espíritu de las primeras T1, unas furgonetas que son un icono de la libertad incluso 60 años después de haber sido lanzada. Las T5 te permiten tener un solo automóvil para todo. Lo puedes usar para ir a la oficina, repartir paquetes o transportar personas y serán capaces de llevarte hasta donde quieras si ese es tu deseo. La estampa típica de una de estas furgos con el toldo desplegado en medio del desierto hace soñar a cualquiera. ¿o no?

Caddy

La más pequeña de la gama 4Motion no es ni la peor ni la menos versátil. Ni mucho menos. La Caddy tiene muchas ventajas. Empezando por el precio y terminando por el peso y las posibilidades de preparación. El precio es básico para acceder a uno de estos vehículos si tenemos deseos de viajar por todo el mundo. El peso es un problema si viajamos solos. Y las posibilidades de preparar el interior a nuestro gusto es esencial. Nosotros nos quedaríamos con la versión Maxi, con batalla más larga y una interior 45 cm más largo. El acabado Tramper incorpora mesa, sillas, un colchón y una tienda de campaña que se monta en la parte trasera. Atención al Caddy 4Motion Himalaya, que ofrece 3,5cm de altura extra respecto al suelo.

Amarok

Ahora el Amarok se ofrece en cabina simple, lo que le convierte en una muy buena base para montarte una especie de autocarvana todo terreno. Simplemente debes elegir la célula vivienda que más se adapte a tus necesidades y ya lo tienes. La cabina simple es nuestra preferida, pues el peso está mucho más centrado cuando le montas este tipo de células (visita las webs de Tischer, Bimobil o Uro Camper, por ejemplo) y las mismas pueden ser más grandes y espaciosas. En cuanto a las cualidades todo terreneras del Amarok, no vamos a ser nosotros quienes las descubran. Simplemente decir que también ha sido vehículo de asistencia en el Dakar…

Elegir entre uno de los modelos de la gama 4Motion de Volkswagen Vehículos Comerciales no es tarea fácil. Bueno, para nosotros quizás no sea tan difícil. Sólo tienes que leer el principio del texto para darte cuenta de que la Crafter nos tiene robado el corazón…

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Por estar ahí

Hacía tiempo que queríamos haceros un regalo. Si has recibido este mail es porque nos sigues, porque desde el primer momento nos acompañaste en esta aventura, porque quieres saber qué estamos haciendo, qué nos pasa, qué vemos y oímos. Porque, quizás, querrías estar aquí y no puedes, pero nosotros te llevamos en nuestra furgo a recorrer kilómetros y kilómetros de arena, sol, lluvia, nubes y lunas.

Hemos hecho un pequeño montaje con unas fotografías muy especiales. Las teníamos guardadas para una ocasión especial. Y qué mejor que ésta? Fue un atardecer en Tan Tan, Marruecos. Vimos desde donde estábamos acampados una feria con su noria. Y fuimos a echar una ojeada…

Sabes? Este vídeo sólo lo recibirán los que siguen nuestro blog. Nosotros no lo vamos a colgar en ninguna red social. Porque alguna recompensa deberías tener, no? Es nuestra pequeña manera de agradecer tu compañía.

Un abrazo,

Claudia y Koke
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El rey del pueblo

Nuestra llegada a Ghana, a parte de un caluroso recibimiento, nos ha comportado horas y horas de trabajo. Pero estamos encantados de compartir esas horas con estas personas. La gente de Breast Care International (BCI) son casi todos voluntarios. Pero cualquiera lo diría. Sacrifican los días enteros por ayudar a otras personas, en darles apoyo moral, en acompañarlas. Y también en los Outreach Programs, o acciones de concienciación. Se desplazan a un poblado, con su furgoneta y algún que otro coche particular. Y en el poblado elegido dan charlas sobre lo que es el cáncer de mama, les cuentan que no es contagioso, que se puede curar, que tienen que hacerse controles periódicos… y al final las mujeres que quieran pueden hacerse un chequeo rápido. Es un trabajo difícil el convencer a las mujeres de esta sociedad tan marcada por las creencias religiosas y la brujería. Pero insisten una y otra vez. Y no piensan dejar de hacerlo.

Los Outreach se realizan unas tres veces al mes. Cuestan mucho dinero y según nos contó la Dra. Beatrice Wiafe (directora de Breast Care International y los hospitales Peace & Love), BCI andaba muy justo de presupuesto. La donación de Volkswagen Vehículos Comerciales les ha permitido continuar con estos programas por una largo periodo de tiempo.

Tuvimos la suerte de ser invitados a una de estas acciones. La preparación es difícil, pues debe contar con el visto bueno de lo que aquí denominan Chiefs, que son una especie de reyes de los poblados. Las decisiones las toman en pequeño comité, pero la última palabra siempre la tiene el Chief junto a la Queenmother, que no es otra que la madre del “rey”.

El día amaneció tapado, como casi todos los días en Kumasi. Nos recogieron a las 8 de la mañana en nuestro hotel. Nos subimos a nuestra furgoneta con algún que otro acompañante en el asiento trasero. Y pusimos rumbo hacia el interior de la región hasta llegar por unos caminos rotos por las lluvias hasta Inwiaso. Este poblado no consiguió la aprobación del Chief, que depende de otro Chief más importante que a su vez también está por debajo en el escalón mandatario del Chief del pueblo más grande. Vamos, un lío… En la última foto del post podéis ver al Chief más importante que visitamos. Otra de las tradiciones curiosas trata sobre las sillas. En esa foto el Chief está rodeado de sillas vacías. Es una superstición. En ellas las mujeres no se pueden sentar porque son sillas sagradas y si tienen la menstruación no están puras. Además, si se sientan en esas sillas no podrán tener hijos…
Total, que este pequeño poblado que apenas se ve al estar en medio de la densa vegetación (su nombre se traduce por “en los árboles”) sí contó con el apoyo del pastor (albino) de su iglesia. Así que la primera parada después de una hora la hicimos en una pequeña capilla que se había convertido por unas horas en una especie de sala de conferencias.

Sentadas en unas sillas de plástico de jardín había unas 30 mujeres esperando a ver qué pasaba y qué hacía toda esa gente allí. Entramos a grito de “Aleluya!”. Nos sentamos y empiezan los rezos y los cánticos. Volvíamos a estar de pie. La Dra. Beatrice (vamos a llamarla Dr. B) toma el micrófono que le cede el pastor y lo primero que hace es presentarnos. Habla en Akan. Aunque el idioma oficial sea el inglés, no hay mucha gente que lo domine y en las aldeas no se escucha. No nos enteramos de nada pero Ike, uno de los voluntarios, nos hace de traductor improvisado. Cuando acaba de contar nuestra historia, nuestro viaje, el tema de la donación, etcétera, suenan los aplausos. Volvemos a sentarnos y observamos atentamente todo lo que sucede a nuestro alrededor.

La Dr. B empieza entonces a explicarles a las asistentes qué es lo que van a hacer y cuál es la razón por la que estamos todos ahí. Les comenta lo que es el cáncer de mama y las dificultades que pueden encontrarse con sus familias, amigos y gente del poblado. También les explica los diferentes tratamientos, sus consecuencias (caída del pelo, vómitos, cambio en el color de la piel…) así como la mastectomía y los tratamientos posteriores. Les quiere hacer entender que el cáncer de mama afecta a todo tipo de mujeres, sean de la raza que sean, del continente que sean y de la clase social a la que pertenezcan. Acto seguido una mirada sirve para que las voluntarias del BCI desplieguen unas fotografías impactantes con tumores increíblemente grandes y alguna mama infectada e incluso reventada. Las mujeres africanas desconocen en su mayoría el cáncer y cuando tienen un problema se acercan a clínicas herbales o curanderos que les dan soluciones que empeoran la situación hasta llevarla a extremos que nosotros (y suponemos que mucha gente en Europa) no hemos visto jamás. Las voluntarias se pasean por delante de las mujeres con esas fotografías tamaño XXXL.

Ahora le toca el turno a las supervivientes. Los hospitales Peace & Love posee una asociación llamada PALSA (Peace & Love Survivors Asociation) formada por mujeres que han sufrido un cáncer de mama y han sobrevivido. Esta asociación lleva funcionando desde hace años, pero está registrada legalmente desde 2011. Se centran básicamente en dar apoyo a mujeres que lo necesitan (recién operadas, sin apoyo de la familia, desplazadas…), pero también se encargan de echar una mano en la organización de los eventos que lleva a cabo BCI.
Tres de ellas explican su vivencia. Raheemah, la última en hablar, se emociona. Se le rompe la voz cuando recuerda lo que tuvo que pasar (con perdida de la familia y del habla incluidas). Termina sacándose la prótesis y enseñándola con el brazo en alto diciendo: “no ha de daros miedo perder un pecho. Es más importante vivir!”

Se abre el turno de preguntas y curiosamente el protagonista es un hombre. Se acerca hasta la parte delantera, coge el micro y pregunta si chuparle los senos a su esposa le puede provocar cáncer de mama. Todo el mundo en la capilla arranca a reír por la vergüenza casi adolescente de esta sociedad tan cerrada y el atrevimiento del protagonista. Pero si nos paramos a pensar un poco podemos ver reflejado en ese hombre el desconocimiento total y absoluto que hay en África sobre el cáncer. Le responden que no, pero que el seno debe ser tratado con cariño. Feliz por la respuesta, se vuelve a sentar en el banco que hay en la zona trasera.
Ahora las mujeres que quieran someterse a un reconocimiento deben rellenar una ficha con su nombre, edad, numero de hijos, estudios, cuánto hace que parió por primera vez y cosas por el estilo. Muy pocas mujeres saben leer ni escribir, así que los voluntarios de BCI se encargan de rellenarles esa ficha.

Las que han decidido chequearse pasan detrás de unas sábanas cogidas por pinzas a un hilo que va de lado a lado de la capilla y que hace las funciones de zona reservada en la que hay una báscula, un medidor de altura, dos mesas a modo de camillas y una palangana con agua y jabón para que las enfermeras se puedan lavar las manos. Van pasando las mujeres desnudas de cintura para arriba y les hacen un reconocimiento, primero de pie y después estiradas en las mesas. A una de ellas le encuentran un bulto en el pecho. Ha sido la Dr. Be la que lo ha detectado. Le explican lo que tiene qué hacer y cómo desplazarse hasta el hospital.

Se recoge todo en un momento y seguimos camino hacia el segundo poblado. Este se llama Ambuoso (entre las rocas) y es más grande que el primero. Aquí el Chief sí que ha dado permiso para realizar la acción. Nos detenemos frente a una especie de foro. No alcanzamos a ver el interior hasta que entramos. Se trata de un espacio con patio central y cubiertas en los laterales. En frente a la puerta, el Chief sentado en una silla encima de un pedestal. Y la Queenmother a su lado. Desconocemos las tradiciones, así que nos las explican. Antes de entrar se anuncia nuestra presencia por los altavoces de este local. La gente va llegando y al final se llena el recinto. No hay sillas para todas. Algunas se sientan en el suelo, otras permanecen de pie. Entramos y la tradición manda saludar uno por uno a los jefes del poblado. Van vestidos con unas coloridas telas a modo de túnica. Un apretón de mano y una mirada son suficiente para sentirse bienvenido. Una vez acabamos con los saludos nos mandan sentar en unas sillas que quedan enfrentadas al Chief y su “séquito”. Entonces se levantan y son ellos los que vienen hasta nosotros para saludarnos. El mismo ritual: apretón de manos y una mirada… Nos damos cuenta de que estamos viviendo algo especial junto a todo el equipo de BCI. Nunca hubiésemos conocido el funcionamiento de las tradiciones locales sin su invitación.

Ahora toca el turno de las presentaciones. Esta vez con más ímpetu. Las supervivientes se presentan simplemente con el nombre. A nosotros nos hacen hablar un poco más. Al final, aplausos. Una espontanea también se quiere presentar, así que agarra el micrófono, dice su nombre y se va entre las risas de los asistentes. Empieza el discurso de la Dr. B y la gente se mantiene en silencio. Es un discurso largo, aunque habla de lo mismo que en el primer poblado (y también en Akan). Pero Ike, nuestro traductor, dice que está haciendo hincapié en la prevención. Les muestra dibujos de cómo auto examinarse y las voluntarias vuelven a sacar las fotos de los tumores. La Dr. B dice que no hay que esperar a llegar a esos extremos y que la prevención ayuda a salvar muchas vidas. Anima a las mujeres ser valientes y no tener miedo ante la posible estigmatización que puedan sufrir al tener un cáncer. Es el máximo temor que hay que superar en las aldeas. Y esta vez también avisa de que los hombres pueden sufrir un cáncer de mama ante el estupor de los allí presentes.

Nuevamente es el turno de las PALSA. Esta vez son cinco las que explican sus experiencias y cada una da un mensaje positivo: “el cáncer se puede vencer”; “hay que ir al hospital al primer síntoma”; “se puede rehacer la vida amorosa incluso con un solo pecho”…
La ronda de preguntas sirve para mostrar una vez más las diferencias entre vivir en un país desarrollado y moderno y vivir en una aldea en medio de África. La primera mujer que coge el micro se dirige hacia la doctora y le da las gracias por ser médico, pues su hija fue tratada por la Dr. B y la curó. La Reina Madre (ya no sé cómo escribirlo, si ponerlo en minúsculas o en mayúsculas, o no ponerlo…) también tiene palabras de agradecimiento hacia BCI. Comenta que está muy feliz por haber sido su poblado el elegido para esta acción.

Las fichas son el paso previo para empezar con los reconocimientos. Como en Inwiaso (si os habéis perdido, es el primer poblado…), los voluntarios se encargan de escribir las respuestas a las mujeres. La zona reservada es una sala contigua con una ventana cerrada. Es un lugar muy oscuro, con una mesa, la báscula, el medidor de altura y la palangana. Aquí hay muchas mujeres esperando turno y pocas sillas para sentarse. Cuando se levantan para avanzar en la cola hay empujones para coger sitio. Todas quieren saber si están sanas. Pero esta vez también hay alguna que tendrá que visitar el hospital.

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